DGS:Introducción
Motivaciones
¿Para qué dedicar tiempo a la preparación de un diccionario de Teoría General de Sistemas y de Cibernética?
Creo que alguien que se aboca a tal tarea debe interrogarse sobre sus motivaciones, tanto personales como más generales.
Seguramente, mi primer motivo fue, y sigue siendo, el deseo de clarificar mis numerosas dudas sobre conceptos y terminología sistémico-cibernética. Por ejemplo: no pocos esfuerzos me costó entender claramente la diferencia entre una teoría de la comunicación en el sentido técnico (en una red telefónica, por ejemplo), y una teoría de la información, que, además del estudio cuantitativo de ésta, debe (o debería) ocuparse de la génesis de los significados y de sus transformaciones. Asimismo, se llama también “teoría de la comunicación” al estudio de las reglas de la transmisión social de la información, en el sentido más amplio. Otras marañas semánticas son los conceptos de sistema aislado, cerrado o abierto, o los de autogénesis, autopoiesis y autonomía. Abundan ejemplos de confusiones muy difundidas que entorpecen el desarrollo de la visión sistémica de la complejidad.
Es indispensable el entendimiento claro de una serie de conceptos o, incluso, de controversias acerca de nociones vinculadas con los sistemas. Tal es el caso del determinismo y la aleatoriedad, de la termodinámica, del rol del observador en la elaboración de nuestra visión del mundo, de los límites perceptivos (HEISENBERG), conceptuales, (GÖDEL) o semánticos (KORZYBSKI) al conocimiento. Se deben eliminar, o poner en perspectiva, unas cuantas interpretaciones incorrectas o controvertibles (en mi opinión o en la suya), en aras de llegar a un consenso mínimo fuera del cual todo trabajo colectivo se torna imposible o ilusorio. Quienes obran en algún ámbito del conocimiento tienen la responsabilidad de contribuir a la clarificación de la semántica común. Se trata de evitar lo que podría llamarse “Babel en un solo idioma”, o sea, tener la ilusión de que se habla de las mismas nociones en los mismos términos, mientras que la confusión se esconde en el vocabulario, como el gusano en la fruta.
Otra motivación importante es la de conectar con la T.G.S. y la Cibernética algunos conceptos y teorías no muy conocidos, o no reconocidos como sistémicos. La T.G.S. se está formando paulatinamente por acrecimiento e interconexión de nociones descubiertas en algunas disciplinas especializadas, pero que tienen, además, un significado mucho más general. La formación de estructuras nuevas por disipación de energía no es sólo un fenómeno manifiesto en la experiencia de BENARD, o en la reacción de ZHABOTINSKY: por ser la disipación de energía un fenómeno probablemente universal, debe incorporarse a los modelos de comportamiento de los sistemas en general y servir de herramienta heurística. En la actualidad, existen unos cuantos casos de posibles modelos o isomorfías potencialmente muy generales que no han sido incorporados al conjunto de los conceptos sistémicos. Una de las causas de esta situación es su extrema dispersión entre disciplinas especializadas poco conocidas; otra, las barreras idiomáticas que suelen aislar, por ejemplo, a franceses, alemanes o rusos de las corrientes anglo-sajonas. Otra es la falta de conciencia que el mismo creador de un concepto o modelo puede tener sobre su real alcance (p. ej. el caso de BENARD, descubridor de las estructuras disipativas en 1908), o el olvido en que caen algunas nociones, anticipadas por precursores que no fueron comprendidos en su época (caso de J. SMUTS, dedicando un libro al Holismo en 1926).
Con todo lo que he podido rastrear y ensamblar hasta la fecha, he tratado de crear una herramienta de trabajo para quienes quieran profundizar la temática. Realicé esta tarea, y seguiré en ella con toda modestia, simplemente porque la consideró necesaria, ya que nadie la emprendió antes. En efecto, si bien existen algunos glosarios, listados de términos y léxicos en inglés, éstos se limitan a cortas definiciones de pocos términos, sin evaluaciones críticas, ni interconexiones conceptuales. El único ejemplo que conozco de un trabajo profundizado es el “Wörterbuch der Kybernetik” del alemán Georg KLAUS. Sin embargo trata, básicamente de cibernética, y poco de sistemas. Su centro de interés es más bien técnico; su última edición se remonta ya a 14 años y es prácticamente inaccesible en el mundo en general, y en el iberoamericano en particular, por estar redactado en alemán y publicado en Berlín Oriental. El trabajo de TRONCALE (ver: Vínculo), es muy importante y aprovechable, pero persigue metas más taxonómicas que el diccionario, su base de información es netamente diferente, y sus criterios de evaluación más formales.
El presente diccionario trata de responder, además, a una serie de problemas típicamente ibero-americanos y, en especial, sud-americanos. El primero, y muy grave, es la falta casi total de material en castellano, o en portugués, sobre Teoría General de Sistemas y Cibernética. Aunque algunas casas editoriales, principalmente españolas, pero también mexicanas, brasileñas, chilenas y argentinas hayan hecho un esfuerzo meritorio, el número de traducciones de libros sobre T.G.S. y Cibernética no pasa probablemente del centenar, en total. Además, muchos de estos volúmenes no son accesibles en todas partes por problemas de distribución, o por estar sus ediciones agotadas e imposibles de hallar en librerías o bibliotecas.
Por otra parte, algunos excelentes libros de autores iberoamericanos (P. VOLTES BOU - M. CEREIJIDO - H. MATURANA y F. VARELA) son, prácticamente, imposibles de conseguir fuera del país - o inclusive de la ciudad - donde se publicaron. Y, finalmente, el público de habla española y portuguesa casi no dispone de revistas, y muy difícilmente tiene acceso a las grandes reuniones internacionales, medios por los cuales la sistémica y la cibernética prosiguen su edificación.
Todas las razones expuestas han sido incentivos para emprender un trabajo de síntesis, tratando de dar voz al mayor número posible de autores, sin imponer una visión unilateral de la temática y en una forma a la vez abierta y coherente.
Pese a no ser nativo de estas tierras, espero que el diccionario sea recibido como una contribución argentina y latino-americana en el mundo de la T.G.S. y la Cibernética, ya que ha sido elaborado en Argentina y contó con la ayuda de argentinos y españoles.
Limitaciones personales
A pesar de mis deseos, no he podido dedicar al diccionario todo el tiempo que hubiera querido, por el hecho de haber desarrollado paralelamente actividades profesionales sin relación alguna con la temática sistémica. Esta grave limitación explica que el trabajo no sea en realidad más que una primera tentativa hacia una meta a la que no será posible acercarse sin renovados esfuerzos, que espero poder emprender.
Tengo, además, clara conciencia de mis limitaciones como sistemista y cibernetista. Mi información es extensa, pero dista mucho de ser completa. Sin embargo, percibo que probablemente todos estamos en la misma situación, aunque unos conozcan más de algún sector que otros.
Aparte de corresponder al nivel de información de su autor, el diccionario refleja también sus puntos de vista y su universo conceptual. Puede ser un inconveniente, en la medida en que llegue a quitar transparencia a los conceptos definidos o comentados, que por otra parte distan en algunos casos de ser incontrovertibles en sí mismos. El sociólogo, C. WRIGHT MILLS escribió:
“... cuando definimos una palabra, estamos simplemente invitando a los otros a usarla como desearíamos que se use” (“Grand Theory” en “System, Change and Conflict” (Comp. DEMARATH - PETERSON - Free Press - New York, 1967).
Para tratar de obviar, en la mayor medida posible, algunas deformaciones, he dado voz al mayor número de autores originales, tanto en las definiciones como en los comentarios. Naturalmente, ellos también emitieron opiniones subjetivas que, como dijo C.H. Waddington, deben tomarse como “alimento para el pensamiento” y no como verdades absolutas, indiscutibles y definitivas.
El usuario del diccionario dispondrá al menos, de un trabajo que resulta de una frecuentación de los conceptos sistémicos y cibernéticos que se remonta a más de treinta años. Además, las opiniones enunciadas han estado y siguen estando bajo permanente escudriño crítico.
Como consecuencia de lo anterior, el diccionario no tiene espíritu académico o catedrático. No pretende establecer cánones, ni fijar definitivamente significados... y menos aún imponerlos.
La construcción del universo conceptual sistémico será, sin duda, una obra colectiva de largo aliento. Lo único que se pretende es trazar un cierto esquema general y disipar no pocas ambigüedades.
Intenciones - Destinatarios
El trabajo está dirigido a toda persona con una formación científica básica y es, en general, accesible a jóvenes estudiantes y al gran público instruido. Considero como sumamente importante que el mayor número posible de personas tome conciencia de la creciente complejidad de los sistemas creados por la tecnología contemporánea, y su impacto sobre la sociedad. Al mismo tiempo, creo que el conjunto de conceptos, modelos y métodos, conocidos como “Teoría General de Sistemas”, ha nacido y está creciendo como una respuesta cultural a esta complejidad. Se sitúa a mitad de camino entre las abstracciones teóricas, generalmente especializadas, accesibles sólo a una fracción muy reducida de intelectuales y científicos, y el empirismo pragmático sin fundamentos sólidos que, generalmente, rige aún la acción de los responsables económicos y políticos. Da claves para la comprensión general, y orientaciones para la investigación más profundizada.
No conviene, por consiguiente, su permanencia en un nivel confidencial y más o menos esotérico.
Con este convencimiento, he tratado de ser lo más claro y sencillo posible. Introduje ocasionalmente algunos términos, no estrictamente sistémicos, necesarios al entendimiento general de los conceptos (por ejemplo: “amplitud” y “frecuencia”, en el conjunto de términos referidos al concepto “ciclo”… aunque este último no ha sido asimilado aún totalmente por los sistemistas en general, pese a sus conexiones con los de regulación, fluctuaciones, niveles, umbrales de inestabilidad, etc...). Espero que el diccionario sea utilizable inclusive como guía para quienes se inician en los temas sistémicos y cibernéticos, ya que los textos introductorios son muy escasos y, en algunos casos, limitados por el enfoque mismo de sus autores. La necesidad de una guía básica es más aguda aún para el público iberoamericano que dispone de escasas ediciones de publicación irregular.
Fundamentos
Hermann VON KEYSERLING escribió en su “Diario de Viaje de un Filósofo”: “De filósofo crítico, ya me había profundizado en filósofo del sentido”. Con la debida prudencia, creo que tratar de acercarse al sentido de lo que nos rodea y acontece debería ser la actitud de todo sistemista.
Es interesante reconsiderar aquí el programa original de trabajo de la “Society for General Systems Research”, actualmente “International Society for the Systems Sciences”, para volver a centrarnos sobre metas fundamentales. Los cuatro puntos del programa se reproducen a continuación:
- Investigar la isomorfía entre conceptos, leyes y modelos, en distintos campos, y facilitar transferencias útiles de un campo a otro.
- Fomentar el desarrollo de modelos teóricos adecuados, en campos donde faltan.
- Minimizar la duplicación de esfuerzos teóricos en campos diferentes.
- Promover la unidad de la ciencia mediante el mejoramiento de la comunicación entre especialistas.
Quizás haya faltado en aquel entonces el enunciado de una meta más general, abarcativa y directamente práctica, que justifique los esfuerzos propuestos. A mi entender, esta meta es la comprensión de la complejidad: la propia, la de lo que nos rodea, y la de los sistemas que creamos, modificamos o destruimos, en muchos casos sin tener clara conciencia de lo que hacemos. Si llegamos a este mejor entendimiento, llegaremos también a saber cómo actuar mejor (y no sólo con más poder o fuerza).
El diccionario apunta a informar sobre el punto de vista sistémico-cibernético y evaluarlo bajo todos sus aspectos ya clásicos, o todavía no ampliamente reconocidos. Una vez suficientemente asimiladas, considero que estas nociones, tienen, en conjunto, un gran valor heurístico y práctico. En este sentido, el título de uno de los libros de H. HAKEN: “Fórmulas del Éxito en la Naturaleza” es muy significativo. Si queremos tener también éxito, debemos primero comprender cómo funcionan, y se interconectan y regulan, las entidades complejas, a fin de no actuar en contradicción con los modos fundamentales de funcionamiento y tampoco intervenir a destiempo. ¿Pero, cuál es la naturaleza del instrumento sistémico y cuánto vale para las metas que perseguimos?
No creo que la así llamada “Teoría General de los Sistemas” sea una teoría científica en el sentido clásico. Es más bien un conjunto, aún no muy fuertemente interconectado, de nociones relativas a las múltiples interrelaciones entre elementos en entidades complejas, y entre estas mismas entidades. Este conjunto se sigue completando a partir de descubrimientos de relaciones con mecanismos específicos en alguna disciplina, de los que se nota, a posteriori, su carácter general. Puede también concebirse que algún no sistemista descubra un concepto general que se revelará aplicable en muchas disciplinas. El concepto de “Aura”, de Henri PRAT, puede ser un ejemplo. También lo será, probablemente, la noción de atractor caótico, primer acercamiento profundo al difícil problema de la turbulencia. Aún tomando la expresión “Teoría General de Sistemas” en un sentido no muy riguroso, dista aún de ser unitaria y claramente delimitada: es un conjunto en curso de auto-organización, a través de las interacciones entre los mismos sistemistas.
Me parece, además, obvio, que la Teoría General de Sistemas no debe y no puede limitarse a constituir en el futuro un puro sistema de formalismos lógicos o matemáticos. No niego la utilidad instrumental de éstos, al menos cuando tienen una genuina originalidad y propiedad, y espero que el presente diccionario pueda completarse algún día con tal compendio de formalismos. Pero, más allá del ordenamiento que puede introducir en mentes así orientadas, debe corresponder a la práctica sensible y activa y poder usarse a este fin, al igual que los cálculos y los planos de ingeniería (aunque de modo diferente). Fuera de estas formalizaciones, no debe descartarse el valor de las metáforas y analogías, a condición que no sean puramente verbales e inverificables. Por más superficial y limitado ideológicamente que sea, el viejo apólogo romano de los “miembros y el estómago” contiene una profunda verdad implícita acerca de la organización compleja de los sistemas sociales. El sistemista no debe permitir, ni permitirse, un uso descontrolado de metáforas y analogías. Pero puede usarlas como instrumento de indagación y tratar de transformarlas en isomorfías justificadas y confirmables.
Deben admitirse no uno, sino varios modos de elaboración conceptual, en función de las diversidades culturales e históricas. La Teoría General de Sistemas no debe quedar bloqueada dentro de límites indebidamente restrictivos. Sus conceptos básicos deben ser comprensibles para el mayor número posible de estudiosos, sin desmedro de mantener el rigor en sus formulaciones y usos.
Semántica
La Teoría General de Sistemas se enfrenta con muy serios problemas semánticos. La transmisión de sus conceptos supone un “discurso”, y es precisamente de tal transmisión que se ocupa el diccionario. Tengo una clara conciencia de los problemas semánticos con los que me he enfrentado y espero haberlos resuelto de manera razonablemente satisfactoria. Apunté, precisamente, a eliminar, en la medida de lo posible, las ambigüedades de origen puramente semántico, en vista a llegar a propuestas lo más depuradas posible en cuanto a significados aceptables de los conceptos.
Para facilitar la comprensión de lo que implica el establecimiento de una semántica transparente, creo oportuno referirme a algunos ejemplos señalados por conocidos sistemistas. El primero de ellos ha sido relatado por Heinz VON FOERSTER. En las conferencias Josiah MACY de 1949, los ingenieros especificados en computación buscaban un nombre para el dispositivo de almacenamiento de datos en las computadoras digitales y se les ocurrió la muy poco feliz idea de llamarlo “memoria”. Ello parece haber generado en muchos fisiólogos y psicólogos la creencia de que los ingenieros sabían lo que era la “memoria”: supuestamente un lugar o soporte donde se conservaba “algo”. Desde entonces se pusieron a buscar afanosamente en el cerebro algún lugar o soporte donde, precisamente, estaría nuestra memoria, en forma de “engramas", "hologramas", etc... En cierto sentido, estos esfuerzos pueden considerarse una versión moderna de la frenología de GALL en el siglo XIX. Desde entonces decenas de millones de dólares se gastaron para buscar en el cerebro estas localizaciones materiales precisas. Sería demasiado simplista decir que nuestra memoria humana es un proceso, pero también es obvio que no se trata de una estructura. VON FOERSTER dice "I am my memory" ("Yo soy mi memoria"), con todo lo caprichoso, inestable y poco confiable, que implica el "acordarse".
Resulta claro el peligro que entraña usar una misma palabra para expresar conceptos diferentes: un "almacén de datos" no es una "memoria" en el sentido psicológico. Sin embargo, ambos subsistemas se refieren a la capacidad de auto-referencia del sistema.
Se ve a las claras que hay que desconfiar de las definiciones. Pero tampoco pueden dejarse todos los conceptos flotando en la total vaguedad. Entre la perfecta transparencia de la fórmula matemática - aplicable sólo a casos abstractos, cuidadosamente depurados de todas las "lamentables" impurezas de los sucesos observables -, y la vaguedad borrosa de la metáfora, necesitamos de las "designaciones justas" pregonadas por CONFUCIO. ¿Pero, qué son, exactamente, "designaciones justas"? ¿Por qué podemos decir que son "justas"? ¿Y "justas", para quiénes? ¿Y a qué efectos?
Al respecto, es asombroso comprobar cómo muchos autores - a veces célebres - logran escribir un artículo, o un libro entero, sin definir nunca los principales conceptos que usan. Me pregunté más de una vez si se dieron cuenta del hecho y, si acaso, no le dieron importancia. ¿Puede ser borroso un concepto? Y si se admite eso: ¿dentro de qué límites puede serlo? ¿Y quiénes fijan esos límites y cómo lo hacen? Esta situación tiene un aspecto negativo y otro positivo.
Desde un punto de vista negativo, se nota que varios autores no siempre dan:
- un significado único al mismo término (como se vio en el caso relatado por VON FOERSTER).
- significados distintos a términos diferentes (por ejemplo: homeostasis y estabilidad dinámica).
- un significado claramente diferenciado a términos que pueden confundirse (por ejemplo, autogénesis; auto-organización, autopoiesis, o bien sistema aislado y sistema cerrado).
He sido muchas veces testigo de las grandes confusiones que generan estas imprecisiones. Sin embargo, desde un punto de vista positivo, se crean múltiples significados alrededor de algunos términos, en correspondencia con una cierta polivalencia que, a veces, presentan.
Debe rechazarse, por otra parte, toda tendencia al absolutismo semántico, pretendiendo alcanzar la realidad a través de la expresión lingüística. Viene al caso citar la significativa historieta contada por Stafford BEER ("Ciencia de la Dirección: La Investigación Operativa de la Empresa", pág. 13): un hombre se acercó a un muchacho con un perro: "Hola, muchacho" le dijo. "¿Cómo se llama tu perro?". El chico lo miró pensativo; luego contestó: 'No sé. Nosotros le decimos "Indio. Los nombres que damos a las cosas son el resultado de un consenso adquirido socialmente o heredado culturalmente. De la misma manera, nos ponemos de acuerdo sobre los significados de los conceptos, o por lo menos, tratamos de hacerlo. La evolución de los conceptos de determinismo, causalidad y aleatoriedad del siglo XIX, a nuestros días,... y sus posibles transformaciones ulteriores que derivarán probablemente del estudio de los atractores caóticos, demuestran en qué medida este consenso puede transformarse con el tiempo. La conclusión obvia es que los consensos mismos son provisorios y variables: el lenguaje evoluciona y no pertenece a nadie en particular.
Sin embargo, es muy difícil convencer de ello a muchos creadores intelectuales, que suelen ceder a la fácil tentación de excomulgarse recíprocamente (si es que no se ignoran unos a otros). Esta situación ha generado no pocos dolores de cabeza al autor del diccionario. No estoy dispuesto a admitir que el concepto de “autonomía” de VENDRYES y el de MATURANA y VARELA sean mutuamente excluyentes. Por el contrario, aunque netamente diferentes, creo que ambos tienen un sentido y he tratado de exponerlos claramente como fue posible a fin de dar la percepción de su interrelación. Tampoco creo que la autopoiesis está irremediablemente en contradicción con la termodinámica de los sistemas irreversibles, porque ambas se apoyan en observaciones y experiencias reproducibles, que dan cuenta de ellas de una manera coherente. Un problema de la Teoría General de Sistemas es descubrir las conexiones significativas (TRONCALE). En este sentido, las contradicciones semánticas, aparentes o reales, tienen un gran valor: destacan áreas dudosas del entendimiento y llevan a hacerse preguntas críticas importantes. Por ejemplo, ¿qué implicancias comunes hay entre el concepto de bifurcación de PRIGOGINE, el de HAKEN, el de THOM, y el de la teoría de los atractores caóticos? No sé si podemos contestar la pregunta. Pero, seguramente, debemos formularla.
Todo ello lleva, además, a preguntarse si está apareciendo poco a poco una semántica específica de la Teoría General de Sistemas. El caso de la “memoria” muestra el peligro que implica transferir una voz de una disciplina a otra. Toda transposición de este tipo encierra una metáfora en sí, frecuentemente abusiva. Su carácter oculto da la ilusión de haber descubierto un significado que, a veces, puede no tener validez. Sin embargo, el traslado de modelos y conceptos entre disciplinas es, a la vez, una meta y un método de la Teoría General de Sistemas. Tiene un indudable potencial heurístico. Pero todo depende de la manera en que se hace la transferencia. Se debe empezar por una pregunta, y no por una afirmación implícita. Volviendo al ejemplo de la “memoria”, la pregunta sería, por ejemplo: ¿Qué hay de común entre dos sistemas de naturaleza muy diferente, pero capaces ambos de tener comportamientos futuros basados en rastros conservados de sus comportamientos anteriores? En muchos casos, la Teoría General de Sistemas necesitará de una definición propia de conceptos otrora pertenecientes a disciplinas especializadas y ésta (o éstas) definición deberá ser más abarcativa y netamente distinta. Hasta el propio concepto de “sistema” tiene un significado nuevo desde la aparición del concepto “holístico”. Un estudio histórico de la palabra, nos muestra bien a las claras, que la idea de la necesaria interconexión entre elementos agrupados estaba latente en el concepto de sistema filosófico: latente, pero no explícita, y menos aún percibida y tomada en cuenta. Por esta razón, el diccionario, en muchos casos, propone sólo un significado o una interpretación de alguna palabra en términos de Teoría General de Sistemas. No se trata de rechazo, ni ignorancia de significados vecinos, o relacionados, o a veces netamente diferentes, por ejemplo, en biología, informática, física o ingeniería. Precisamente, a los especialistas se les ruega no rechazar el significado sistémico, sino reflexionar sobre él con un espíritu de crítica positiva y ver en qué medida coincide con el concepto especializado o, al contrario, si se aparta de éste, qué puede implicar esta divergencia.
De cualquier modo, “definir” no es “conocer”. Es, simplemente, focalizar una parte del significado total y usarlo como centro provisorio del universo conceptual. Acrecentamos artificialmente, y por un momento, un aspecto de éste, pero debe quedar claro que ningún concepto existe aisladamente y como un absoluto, sino que vale en función de las conexiones que tiene con los otros conceptos. Ninguna representación esférica del globo terrestre tiene centro privilegiado alguno, aunque podamos elegir arbitrariamente tomando algún lugar o país determinado como centro, inducidos por la finalidad de nuestra investigación. El sistema conceptual propio de cada uno de nosotros es una totalidad compleja que transforma enseñanzas recibidas y observaciones hechas, y produce significados, que deben ser compartidos por los demás, y actitudes que deben ser eficientes frente al entorno. No podría existir ni funcionar sin una red de interconexiones entre unidades de significado, que distinguimos sólo provisional y selectivamente en aras de su profundización.
En cuanto a los contenidos fundamentales y a su expresión semántica haré mía, simplemente, la fórmula de Anatol RAPOPORT, uno de los tres fundadores de la entonces Society for General Systems Research:
“Seek simplicity and distrust it” (Busque la simplicidad, y desconfía de ella) (“The search for simplicity” en “The relevance of General System Theory”, Editor E. LASZLO - G. BRAZILLER, New York, 1972).
A partir de este enfoque he tratado de definir un programa semántico para la Teoría General de Sistemas, que puede enunciarse así:
- Hacer un listado tan completo como sea posible de los conceptos y términos que tienen algún significado en relación con la Teoría General de Sistemas y Cibernética. Ello implica, en principio, no cerrar ningún círculo limitativo.
- Dar definiciones (en plural, cuando parezca necesario) de estos términos, con crítica conceptual y semántica.
- Interconectar los conceptos para crear una trama mental y, o un área semántica y, o una red conceptual general. Debe quedar claro que el usuario del diccionario tiene el pleno derecho de rehacer todo o parte de esta tarea si tiene motivos serios.
- Establecer equivalencias multi-idiomáticas para facilitar la comunicación transcultural entre sistemistas.
Contenidos conceptuales
El contenido del diccionario posiblemente dará lugar a controversias. No faltarán quienes discrepen con la inclusión o exclusión de tales o cuales términos. Es a menudo difícil evaluar o apreciar el sentido y el contenido sistémico de teorías que no fueron concebidas como sistémicas. Unos cuantos autores introdujeron conceptos de gran generalidad mucho tiempo antes que WIENER hablase de cibernética y VON BERTALANFFY de sistemas. Pueden citarse, por ejemplo, Jan SMUTS (“Holismo”), W. D’ARCY THOMPSON (“On Growth and Form”), W. CANNON (“Homeostasis”), y P. VENDRYES (“Autonomía”). Fuera de círculos reducidos, estos autores son poco conocidos y sus aportes olvidados o ignorados. Por otra parte, ideas generales como la disimetría (PASTEUR), la relatividad (EINSTEIN), el Gestalt (KÖHLER y KOFFKA), la indeterminación o incertidumbre (HEISENBERG), la incompletitud (GÖDEL) o la no-identidad (KORZYBSKI) no están aún reconocidas como fundamentos sistémicos. Si tal es el caso de conceptos, cuyo enunciado se remonta en general a cincuenta años o más, no es sorprendente que un número de nociones más recientes no hayan sido aún integradas al pensamiento sistémico. Como ejemplos pueden citarse la teoría relativista del observador (JUMARIE), los relatores aritméticos (Grupo Systema), los fractales (MANDELBROT), la sinergética (HAKEN) o la teoría de los atractores caóticos. ¿Qué hacer, además, con términos básicamente descriptivos, pero que parecen corresponder a situaciones típicamente sistémicas, como, por ejemplo, los de “creodo” (WADDINGTON), “aura” (PRAT), “umbral”, “vórtice” (LAVILLE), etc.? Aunque no tengan un estatuto claramente reconocido en alguna de las grandes teorías, parecen útiles empíricamente y no puede descartarse que, alguna vez, lleven a construcciones conceptuales amplias. Muchos autores no son conocidos, simplemente porque escribieron en un idioma no anglosajón y nunca fueron traducidos al inglés, o fueron publicados en revistas o libros de escasa difusión. Es el caso de casi todos los autores rusos, aunque también el de unos cuantos franceses, alemanes y otros. Mi información, por cierto, dista mucho de ser completa, pero abarca una literatura generalmente desconocida por los sistemistas anglosajones. He adoptado el temperamento de incluir todo lo que he llegado a conocer, a condición de encontrarle un significado claramente sistémico o cibernético. Al contrario, he dejado de lado los términos que ningún sistémico parece haber ponderado y a los cuales no he podido tampoco encontrar significado claro u original...o algunos que, simplemente, no he podido estudiar lo suficiente, hasta ahora. Es probable que haya cometido así algunas injusticias, que espero poder reparar ulteriormente, con la ayuda eventual de las propias víctimas, o de sus defensores.
En general, no he querido callar ninguna voz, ya que no se sabe a ciencia cierta lo que puede llegar a ser importante en el futuro. Algunos conceptos, que parecen actualmente marginales, pueden llegar a resurgir en su forma original, u otra forma más o menos visiblemente equivalente (o no). En esta fase de la elaboración de las ideas sistémicas, necesitamos alimentos para pensar (“Food for thought”, como dijo WADDINGTON). No creo tener el derecho o el deber de bloquear la difusión de conceptos que no han concitado aún la atención del “colegio invisible” de los sistemistas, en especial si, según mi propia opinión, parecen válidos y potencialmente importantes. Emprender un trabajo como éste implica asumir responsabilidades: las asumo y seguiré asumiéndolas, pero con total respeto por las opiniones ajenas y admitiendo la probable necesidad de ajustes ulteriores. Por todas estas razones el diccionario hace abundante uso de citas de autores. Algunos son universalmente reconocidos en el mundo anglosajón de la Teoría General de Sistemas y la Cibernética, como ASHBY; BEER; BERTALANFFY; BOULDING; VON FOERSTER, etc... Otros son menos conocidos, o lo son sólo en Europa o en América Latina, como ATLAN; BERRIEN; CEREIJIDO; SAUVAN; STEINBUCH; WALLISER; etc... Las metas perseguidas han sido:
- Dejar que los propios creadores expresen su forma de pensar.
- Insistir sobre aspectos a veces poco conocidos o comprendidos de la temática, mediante comentarios de autores en general poco accesibles.
Otro problema difícil de resolver es el establecimiento de los límites que corresponden al universo conceptual de la Teoría General de Sistemas. TRONCALE, por ejemplo, en su propuesta de setenta y cinco isomorfías, refiriéndose a las transformaciones de los sistemas, incluye la expresión “cirugía de cobordismo”, que se origina directamente en la topología. ¿Tendrá esta noción una correspondencia con situaciones o sucesos observables en muchos sistemas de tipos diversos? ¿Será un modelo de algún proceso sistémico general? Confieso no haber podido decidirlo, hasta ahora, y haberme encontrado con una buena cantidad de casos parecidos, en particular con términos abstractos originarios de las ciencias humanas. En general, se incluyeron los términos para los cuales mi contestación a las dos preguntas mencionadas es afirmativa. Pero es una apreciación subjetiva que podría tener que revisarse.
Existe también el problema de los neologismos y del “purgatorio” que, en principio, deben atravesar antes de ser reconocidos. Para algunos el “purgatorio” es breve. La “autopoiesis”, la “clausura organizacional”, o las “estructuras disipativas", ya son reconocidas como expresiones originales que corresponden a nuevos enfoques o a observaciones frecuentes. Muchos autores crean palabras nuevas o dan nuevos significados a palabras ya existentes. La segunda tendencia, en particular, es algo peligrosa, porque puede crear grandes confusiones en mentes insuficientemente informadas. Buena parte de los comentarios del diccionario apuntan a disipar este tipo de ambigüedades. Un buen ejemplo es el concepto de “equifinalidad” (BERTALANFFY): aún en el futuro, el sistema evolucionará según una y sólo una trayectoria; sólo que en este momento actual pueden existir varias posibilidades, entre las cuales se seleccionará, en cada instante futuro, una sola (VENDRYES). En otros casos, parece legítimo crear nuevas palabras, para distinguir claramente situaciones o conceptos hasta ahora no tan bien reconocidos. Me permití, por ejemplo, incluir “intorno” para designar el medio interno del sistema, que es al mismo tiempo el entorno de los elementos del sistema (neologismo descriptivo). “Clausura organizacional” por otra parte es más un neologismo conceptual. Los criterios de admisión o rechazo de neologismos son siempre bastante discutibles. He seguido en general los siguientes criterios de admisión:
- El término es frecuentemente usado por un número significativo de sistemistas,
- El término corresponde a una noción típicamente sistémica, aun si no ha alcanzado reconocimiento amplio,
- El término puede reemplazar ventajosamente a una perífrasis engorrosa.
- No es sinónimo, o cuasi-sinónimo, de otro término generalmente reconocido y usado (o sea que se diferencia suficientemente en contenido). Con todo, supongo que quedaré mal con algunos autores que lamentarán el no reconocimiento de sus criaturas. Pero estoy muy dispuesto a revisar mi opinión a partir de buenas fundamentaciones.
También hay que vigilar cuidadosamente la no-contradicción de cualquier término sistémico con su aparente sinónimo en alguna disciplina especializada, o con otro concepto. El traslado de un término de alguna disciplina específica al vocabulario sistémico es un paso siempre arriesgado. En algunos casos, no lo he podido resolver de manera satisfactoria. Es obvio, por ejemplo, que los términos biológicos de metabolismo, anabolismo y catabolismo, corresponden a una propiedad muy general de todos los sistemas, al menos vivientes y meta-vivientes. Sin embargo, hablar de metabolismo en el caso de una empresa, por ejemplo, dista poco de ser una metáfora bastante superficial, mientras no se logre descubrir y describir los procesos que corresponderían a la asimilación, por parte de la empresa, de sus ingresos específicos, y darles un sentido que no sea simplemente analógico en una forma superficial. Por consiguiente, no introduje los tres términos mencionados, aunque se los pueda definir sin hacer referencia abierta a la biología. (El “metabolismo” por ejemplo sería la “propiedad del sistema capaz de aprovechar los ingresos provenientes de un entorno, para su crecimiento y mantenimiento”). Una dificultad semejante se manifiesta en el caso de conceptos y principios que, finalmente, fueron incorporados. El “Principio de Indeterminación” de HEISENBERG, por ejemplo, motivó, por parte de un integrante de la Asociación Argentina de Teoría General de Sistemas y Cibernética, el siguiente comentario: “El único Principio de Indeterminación que conozco es el de la física, y se enuncia:
$$ \Delta x \cdot \Delta p_x > h. $$
Toda traslación o generalización me parece vacía, desprovista de sentido, o abusiva”. No comparto ese rigorismo, a mi entender demasiado estrecho. El mismo HEISENBERG dedicó varios libros a las implicancias de la física cuántica en nuestra visión del mundo (ver bibliografía), y numerosos otros físicos lo hicieron también. El Principio de Indeterminación pone en tela de juicio la naturaleza de nuestra capacidad de observación, y relativiza conceptos otrora absolutos (para no decir absolutistas), como los de determinismo y de causalidad. No creo que podamos prescindir de una seria reflexión sobre las implicancias de estos cambios perceptivos y conceptuales para el conocimiento de los sistemas. Pero, por supuesto, debemos huir de las simplificaciones abusivas que se suelen infiltrar en el gran público, del tipo: “Desde EINSTEIN, sabemos que todo es relativo”.
Finalmente, he tratado de resolver el problema del contenido del diccionario sobre la base de los siguientes criterios:
- Incluir, en principio, todo lo que me pareció relevante para precisar y aclarar la noción fundamental de “sistema” en general.
- Eliminar lo que no parece tener relación directa con esa noción y lo que se refiere sólo a ciertas clases limitadas de “sistemas”.
Pese a todo, la aplicación de estos criterios se hace borrosa en los límites y, en algunos casos, no he podido salir de la duda. Es así que “análisis de sistemas” (que viene de la Investigación Operativa); “bit” y “byte” (de la Informática); “amplificador” (de la Ingeniería); “comunicación” (en el sentido sociológico); “entorno” (de la Ecología) y unos cuantos términos más, se infiltraron en el diccionario, pese a no ser, o parecer, estrictamente sistémicos.
Además apliqué un tercer criterio:
- Incluir conceptos que faciliten una visión crítica y una perspectiva de toda el área.
Es aquí donde se ubican conjuntos de conceptos y/o teorías que contemplan aspectos tan fundamentales como la autonomía, la comunicación, la información, el observador, etc...
El lenguaje
La semántica rige las relaciones de los significados percibidos y elaborados por los individuos, que viven en comunidades culturales, a partir de sus observaciones. El lenguaje es un tema netamente diferente. VON FOERSTER dice que el lenguaje del lingüista es mono-lógico, disyuntivo, denotativo, descriptivo y sintáctico, mientras que el lenguaje del hombre común, que se está comunicando, es día -, o multi-lógico, connotativo, constructivo, participativo y semántico.
Esta concepción, muy parecida a la de KORZYBSKI, presenta un serio problema al autor de un diccionario. A lo sumo, puede pedir opiniones a algunos miembros del “Colegio invisible”. Pero, finalmente, se ve siempre reducido al monólogo o, en el mejor de los casos, al diálogo consigo mismo, si es experto en este difícil arte. Es entonces responsable, no sólo del contenido de la obra, sino también de la manera en que este contenido se expresa.
No es muy seguro que la definición, aun comentada, sea preferible a un simple discurso. El arte de definir es espinoso. En principio, y cada vez que ha sido posible, se han usado definiciones de autores conocidos y se las ha reproducido sin modificaciones. Pero ello no es siempre posible. Muchos autores definen sin siquiera advertir que lo hacen, en el cuerpo de alguna frase o en algún párrafo más desarrollado. Ha sido necesario, en estos casos, y en aras de la claridad, transformar en explícita una definición implícita. A veces, sin embargo, ha sido suficiente modificar sólo el orden de las palabras. También, en el caso de definiciones traducidas del inglés, francés o alemán, se ha tratado de comunicar el significado, lo que no siempre es posible mediante una traducción absolutamente literal. Donde no existía definición conocida o había enunciados confusos, o verdaderamente insatisfactorios, me he resignado a proponer una propia. ¡Tengo plena conciencia del carácter peligroso de este tipo de incursión! Usar una definición única para un término, o elegir entre un número de definiciones existentes, no parece un buen método para alcanzar al multi-logo de VON FOERSTER. No todos los autores coinciden en su interpretación de las nociones sistemáticas. A veces las contradicciones son reales y, en otros casos, solamente aparentes. Se da también el caso de diferentes definiciones que son realmente complementarias, a partir de enfoques que parecen convergentes. En todos los casos en que pareció oportuno, se han dado dos o varias definiciones y se ha hecho un estudio comparativo, no por el vano afán de distribuir el elogio o la crítica, sino para aclarar el significado de diferencias, o buscar coincidencias ocultas detrás de las divergencias aparentes.
Existe, por otra parte, una intersección bastante crítica entre el lenguaje y la semántica: Resulta muy difícil apreciar en qué medida la traducción de un idioma a otro distorsiona; o no, los significados que se pretende transmitir. Es obvio que la definición de una perpendicular en geometría euclidiana es perfectamente equivalente en diferentes idiomas. No es menos obvio que muchos términos abstractos cargados de ideología soportan muy mal la traducción. La “democracia” de los Suecos, Suizos, Franceses, Japoneses o Brasileños corresponde, en los hechos, a cinco tipos más o menos diferentes de regímenes que reflejan cinco culturas, también diferentes. La terminología sistémica parece ubicarse, en este sentido, a mitad de camino. Sospecho que autores norteamericanos, franceses, alemanes, rusos o sudamericanos, no entienden exactamente lo mismo cuando hablan de “autonomía”, de “observador”, de “determinismo”, etc... Una circunstancia agravante es que el conjunto de conceptos sistémicos está aún en formación, y muchos autores ignoran que otros no expresan, exactamente como ellos, conceptos que quizás tampoco son perfectamente coincidentes. Creo que poner en evidencia estas dudas, puede ser una contribución positiva de este diccionario.
Los límites del diccionario
Abarca la Teoría General de Sistemas y la Cibernética, debido a la imposibilidad y la inoportunidad de establecer una separación conceptual nítida entre ambas. Existen muchos malentendidos acerca de la Cibernética. Dejaremos de lado todas las disciplinas y técnicas derivadas, y mencionaremos sólo los conceptos cibernéticos básicos. El diccionario no contiene nada relacionado con la ingeniería, la robótica y la biónica, y sólo algunas pocas alusiones a la informática, destinadas a aclarar confusiones, o a marcar nexos conceptuales alrededor de términos como “información”, “comunicación” (y sus sub-temas), y de métodos sistémicos que recurren a la computadora, como la “dinámica de sistemas”.
La Cibernética, en el sentido fundamental, desarrolla un número limitado de conceptos, fuertemente vinculados entre sí, y con los de la Teoría General de Sistemas. Pero no puede limitársela a lo que saben de ella, en general, los ingenieros y los informatistas. No trata sólo de controles, regulaciones y correcta transmisión de la información, que son todos ellos procesos determinados. Sucesivamente, ASHBY, con las nociones de variedad y de construcción; MARUYAMA, con la “2da. cibernética” de los procesos de amplificación, desviación y limitación mutua, VON FOERSTER y sus continuadores, con el concepto de orden a partir del ruido, mostraron vías nuevas, que todavía parecen lejos de haber agotado sus potencialidades. También tienen que ver con la cibernética fundamental, conceptos como la auto-referencia y la autopoiesis que, si bien constituyen una suerte de regulación global y permanente del sistema, no permiten una previsibilidad perfecta de sus comportamientos.
Otros conceptos cuya estrecha vinculación con la T.G.S. se admite son, por ejemplo, la “Inteligencia Artificial”, todo lo referido a “ciclos” y a la “estabilidad”. Estos dos últimos tópicos son particularmente ricos en interconexiones significativas, con nociones que pocos sistemistas han asimilado hasta la fecha: las “estructuras disipativas” y los procesos correspondientes, los conceptos topológicos relativos a la estabilidad en una vecindad, y las muy recientes teorías de los fractales y de los atractores caóticos. El criterio fundamental que se ha usado para integrar nociones en el diccionario ha sido su aplicación, verificada o probable, al estudio de sistemas y procesos sistémicos diversos. La pregunta orientativa es: ¿Tiene sentido este concepto para estudiar y entender sistemas físicos, biológicos, psíquicos o sociopolíticos?
Ordenamiento del material
Un diccionario debe, en principio, respetar el orden alfabético, para poder ser consultado fácilmente. Sin embargo la naturaleza sintética y globalizadora de la Teoría General de Sistemas y de la Cibernética hacen que constituyan un solo y vasto grupo (casi en el sentido matemático) conceptual, fuertemente integrado. Además, se trata de un conjunto estructurado o, si se quiere, un sistema organizado en sub-sistemas, que constituyen polos de atracción y agregación conceptual. Para tener en cuenta este aspecto básico, las diversas nociones relativas a algún concepto fundamental han sido agrupadas; por ejemplo, todo lo que se refiere a la “comunicación”, la “información” o la “termodinámica”. Sin embargo, para que el diccionario conserve su carácter de herramienta de uso práctico y corriente, todos los términos han sido repetidos, con su respectiva referencia orientativa, en el orden alfabético correspondiente.
Un sistema conceptual, como cualquier otro, debe tener constricciones para poder funcionar: las constricciones limitan las interconexiones permitidas y definen, así, la funcionalidad del sistema (ver ASHBY). En consecuencia, es indispensable buscar y destacar las interconexiones significativas entre los varios conceptos fundamentales. Un buen ejemplo es la interrelación entre “regulación”, “control”, y “jerarquía”. Este aspecto está ampliamente comentado bajo la voz “vinculación”, que se refiere a las propuestas de Len TRONCALE. En la práctica, la interconexión general del diccionario se obtiene por la presencia de un asterisco en todos los términos usados, que se encuentran definidos en otras partes del trabajo. El diccionario está concebido como una red semántica, transitable en múltiples direcciones.
Conviene, por otra parte, distinguir entre los términos que corresponden a una isomorfía, como, por ejemplo, “frontera”, o “estructura disipativa”, y los que se refieren a la metodología y a su uso, como por ejemplo, “modelo”, o “vinculación”.
Presentación del material
Se ha seguido la metodología siguiente: En primer lugar, se da una definición del concepto. En la medida de lo posible se ha usado la definición propuesta por algún sistemista conocido y se la ha reproducido literalmente. A veces, ha sido necesario algún ordenamiento, o leve modificación de tipo sintáctico, para extraer claramente la definición de alguna frase en un texto. Cuando no fue posible encontrar ninguna definición coherente, me he encargado de redactar una, con la debida prudencia. En algunos casos, he recurrido a la colaboración de estudiosos argentinos y extranjeros, a quienes expreso reconocimiento. En otros casos, pareció necesario dar dos o más definiciones, por diferentes motivos. A veces, hay discrepancias reales o aparentes entre las interpretaciones que varios autores dan de una misma noción. Es oportuno, en estos casos, dar voz a cada uno a fin de permitir al lector hacer su propia evaluación, independiente de las comparaciones y eventuales propuestas del autor.
A las definiciones se agregan, en general, comentarios, también, en muchos casos, extraídos de textos de sistemistas conocidos, aunque a veces redactados por el autor. Los objetivos de los comentarios son de varios órdenes:
- atraer la atención sobre aspectos originales o implicancias, no evidentes a primera vista, de los conceptos definidos,
- señalar vinculaciones con otras nociones,
- aclarar dudas, prevenir interpretaciones, si no erróneas, al menos dudosas, disipar ambigüedades, o eliminar posibles incoherencias o contradicciones.
El sistema de referencias intenta, en especial, hacer conocer a los autores, y ha sido organizado de la manera siguiente:
- cada autor figura en cada cita por su apellido;
- el título de la referencia se da con iniciales cuyo significado puede encontrarse en la bibliografía general;
- en caso de citas de artículos de revistas o actas, el título de la referencia se transcribe completo, a fin de evitar la sobrecarga de la bibliografía general;
- en cada caso se ha mencionado la paginación en la obra referida.
El diccionario se completa con tres bibliografías:
- la lista por orden alfabético de autores con los títulos abreviados de las obras usadas directamente;
- una bibliografía general, complementaria de obras que podrán consultarse útilmente, para ampliar la información. Esta lista comprende revistas y actas de encuentros y congresos.
- una bibliografía especial, constituida de listas temáticas, en las que figuran obras centradas en una disciplina específica, pero con orientación claramente sistémica. Algunas obras de la bibliografía general fueron retomadas en estas listas.
Cuando existe traducción al español, ésta ha sido preferida a la edición original. Ello no implica siempre que las obras se encuentren disponibles. Algunas ya están agotadas, y no reeditadas, y muchas otras no están disponibles en una gran parte de América Latina. En el caso de traducción, el idioma original ha sido mencionado entre paréntesis.
Se ha tratado generalmente, de dar la traducción de los términos definidos en cinco idiomas: inglés, francés, italiano, portugués y alemán. Ello ha revelado algunos hechos significativos:
- Se nota un fraccionamiento del universo del conocimiento sistémico, que pone de manifiesto la persistencia de las barreras idiomáticas y el daño que siguen ocasionando. En efecto, muchos términos no han sido traducidos a todos los idiomas citados, ya que las traducciones son dudosas, o controvertibles. La situación sería peor aún, seguramente, si hiciéramos intervenir otros idiomas importantes, como el ruso, el árabe o el japonés.
- La inexistencia de traducciones muestra, además, que muchos conceptos son aún desconocidos en varias regiones, o tan poco conocidos que no es posible descubrir a quienes los conocen.
- No es muy seguro que términos correspondientes a conceptos abstractos tengan absolutamente el mismo significado en distintos idiomas. (ver por ejemplo la “autonomía”). El viejo dicho italiano “Traduttore...traditore” conserva su significado y mantiene su vigencia.
Del punto de vista práctico, todos los términos presentados en el diccionario están señalados con asteriscos en todo el texto (...* o *......*). Las interconexiones más significativas de cualquier concepto están señaladas en cada caso con la rúbrica especial: Ver:...
Autocrítica
Creo oportuno señalar las imperfecciones que percibo en mi propia tarea. Todo trabajo cumplido del que se separa un autor representa, a lo sumo, un compromiso entre todo lo que teóricamente podría llegar a hacerse (y que nunca se alcanza) y la nada, resultado inevitable, de cavilaciones que impiden resignarse, poner un punto final, al menos provisionalmente, a lo ya logrado.
Mucho material de que dispongo no ha sido aún utilizado de modo suficientemente abarcativo o profundizado. Quedan zonas mal exploradas y minas de información por explotar. También existen fuentes conocidas, o desconocidas, a las cuales no se ha podido acceder por varias razones, (de distancia, tiempo, idiomáticas...).
Más allá de estos hechos circunstanciales - aunque inevitables - es evidente que un trabajo de este tipo nunca puede ni debe ser considerado como finalizado. Es particularmente cierto en el caso de la Teoría General de Sistemas y la Cibernética, donde aparecen constantemente aspectos nuevos, que abren debates sobre temas hasta ahora insospechados, o reabren otros que se creían ya clausurados. El ejemplo más reciente es el concepto de atractor caótico, que lleva a replantear los conceptos de determinismo y de aleatoriedad, a partir de un punto de vista totalmente inesperado, y que deberá integrarse a la familia sistémica de manera - en lo posible - no contradictoria.
Además, es evidente que las opiniones vertidas en el diccionario son controvertibles por principio... y, seguramente, serán objeto de críticas o aclaraciones. Cada sistemista haría seguramente un diccionario distinto, con otro énfasis, con otra manera de agrupar y de relacionar conceptos. Es probable que la publicación de este trabajo tenga el efecto de despertar el sentido crítico de muchos. Esta sería una situación muy saludable y me halagaría... a condición que las críticas se hagan públicas o me sean comunicadas. De esta manera podría conocerlas, ponderarlas, tenerlas en cuenta o rebatirlas, y aprovecharlas para posibles revisiones ulteriores, o para futuros trabajos similares en otros idiomas. Es la oportunidad para pedir al lector que me comunique personalmente sus dudas o desacuerdos. Serán recibidas con agradecimiento.
Agradecimientos
Debo mucho a cuantos me ayudaron, a sabiendas o sin saberlo, en la elaboración de este trabajo. Todos los sistemistas y cibernetistas citados, y muchos otros, deben ser puestos en primer lugar. Muy especialmente quiero tributar mi reconocimiento a mis amigos del Grupo de Fuschí y, particularmente, a su inspirado líder, Bela BANATHY, y a los miembros que tienen las mismas preocupaciones acerca del significado de los conceptos básicos: Gerrit BROEKSTRA, Istvan KISS, Singa SANDELIN y Len TRONCALE. Otros sistemistas amigos que me han ayudado mucho a pensar son Guy JUMARIE, James MILLER, John VAN GIGCH, Robert VALLEE, Pierre VENDRYES, Pedro VOLTES BOU. La Sociedad Española de Sistemas Generales, en las personas de su Secretario y Ex-presidente Don Rafael RODRIGUEZ DELGADO y del desaparecido profesor AZORÍN POCH, me ha prestado una ayuda muy apreciada. En la Argentina he podido contar con el constante apoyo de los miembros de la Asociación Argentina de Teoría General de Sistemas y Cibernética. Figura inspiradora inicial para este trabajo fue el Dr. Máximo VALENTINUZZI, quien, aún después de su desaparición, sigue siendo una personalidad insustituible. Un primer Léxico provisional para el uso exclusivo de los miembros de la Asociación, fue acertadamente criticado por José ALVAREZ. Ulteriormente, María Isabel PAGANI y Susana MILLER alimentaron durante más de dos años, con sus pertinentes y agudas reflexiones, un lento proceso de crítica y de maduración. Buenos y útiles interlocutores al efecto fueron Edgardo ROTMAN, Eduardo BALICCHI, Antonio GIANGRANDI, Cira SZKLOWIN, y muchos otros miembros. La revisión efectuada por Daniel VILA, constituyó un exhaustivo trabajo de pulimiento de redacción del texto. Imprecisiones y errores lingüísticos fueron corregidos por mi esposa Gloria NAZER, quien manifestó, además, la inagotable paciencia necesaria para con todo autor enfrascado en su trabajo. A partir de notas originales, muchas veces confusas, la señora Beatriz de GAMBA dactilografía con eficiencia, en pocas semanas, una primera versión legible del trabajo. A la señorita Marisa POLCARO se debe la versión final.
Un especial agradecimiento al Instituto Andino de Sistemas (Lima-Perú) en la persona del Ing. Ricardo RODRIGUEZ ULLOA por creer en la utilidad de esta obra y ayudar a solventar el costo de la presente edición.