Sistema autoorganizado
Jacques LESOURNE (en “Les Systèmes du Destin”, p. 74) describe así los elementos con los que debe contar un sistema para poder auto-organizarse:
“El sistema aprende, modificando el modo de funcionamiento de sus subsistema de control, gracias a experimentos aleatorios.
“Merced a los ensayos al azar del contralor central, las decisiones eficaces en un contexto dado se refuerzan, y las decisiones ineficaces se debilitan. El sistema aprende a organizarse por ensayos y errores. Se auto-organiza.
“Recapitulemos, haciendo la lista de los diferentes “centros” (o subsistemas) cuya presencia es necesaria, al menos en un ejemplar, en los sistemas auto-organizadores:
- Un centro de almacenamiento de metas (u objetivos), que conserve el rastro de las metas asignadas al sistema, y elabore los criterios de evaluación, determinando si se alcanzan o no.
- Un centro de imaginación que genera acciones posibles bajo el efecto de perturbaciones externas y, o internas del sistema.
- Un centro de volición que, basándose en los criterios de evaluación, decide la acción a emprender.
“Estos tres centros disponen, para ejecutar su tarea, de centros de acción entre los cuales es cómodo distinguir:
- Centros de percepción, internos y externos, que dan informaciones, simultáneamente, sobre el estado interno del sistema y el de su entorno...
- Centros de cálculo, que puedan calcular las consecuencias de las acciones posibles... (algunos) que cumplen una función de anticipación (y otros, evaluando sus consecuencias) de las determinadas leyes físicas, químicas o biológicas, que administran el funcionamiento de las diversas partes constituyentes del sistema.
- Centros de movimiento que realizan efectivamente las acciones decididas...
- Centros de memorización que conservan el rastro de las situaciones anteriores: estados del sistema y del entorno, acciones decididas, y resultados.
- Centros de transmisión que aseguren la comunicación de las informaciones entre los diversos elementos constitutivos del sistema.