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Hermenéutica

From glossaLAB
JDíaz, Rafael Capurro (2010). Hermenéutica. GlossariumBITri, 1(1): 1046.
También disponible como: Hermeneutics (en)
Colección GlossariumBITri
Autor José María Díaz Nafría, Rafael Capurro
Editor Rafael Capurro
Año 2010
Vol. (núm.) 1(1)
ID 1046
Tipo de objeto Disciplina, Teoría
Dominio Sociedad de la Información, Teoría de la Comunicación, Filosofía, Semiótica, Angelética, Cuestiones Éticas, Filosofía del Lenguaje
en hermeneutics
es hermenéutica
fr herméneutique
de Hermeneutik

¿Basta con la diferencia o necesitamos también de la interpretación?

En lo que concierne a la hermenéutica y la teoría de la información, en los mismos orígenes de la primera encontramos una reflexión que contrasta con la famosa definición del cibernetista Bateson, para quien la información es "una diferencia que marca una diferencia" (Bateson 1972: 459). En contraste con esta relación causal, encontramos en el Teeteto de Platón que "la razón [de lo que se dice] es una interpretación (hermēnéia) de la diferencia" (“λόγος δέ γε ἦν ἡ τῆς σῆς διαφορότητος ἑρμηνεία”, Teeteto: 209a). Lo que se ha entendido por interpretación tiene una larga y variada historia, pero en cualquier caso, se refiere a un proceso problemático más que unívoco, subrayando también un sentido de esfuerzo. Tal empeño por un sentido problemático difiere claramente del punto de vista más común respecto a la información, para el cual existe una especie de relación causal y ciega entre la información y sus resultados en los receptores. El predominio de este punto de vista en los asuntos de la información —que puede observarse, por ejemplo, en los beneficios automáticos esperados por la inversión en tecnologías de la información (Pérez-Montoro 2008)— podría alejarnos de la conciencia de los problemas relativos al descubrimiento del sentido. A este respecto, Søren Brier afirma que "la información no es suficiente" en la empresa de resolución de problemas de nuestras sociedades contemporáneas (Brier 2008).

Como se mencionó anteriormente, la interpretación, cuyo sentido moderno usualmente se refiere a remontarse del signo a su sentido, tiene una larga tradición (en las extensiones tanto del latín interpretatio como de su correspondiente término griego hermēnéia) donde también podríamos encontrar una raíz para la —por así decirlo— transparencia de la información.

Raíces de la hermenéutica

a) Entre la oscuridad y la claridad. Antigüedad y Cristianismo. Además del sentido mencionado en la obra de Platón de la interpretación como una aprehensión problemática del sentido, también encontramos hermēnéia en otras obras de Platón como un arte de dar cuenta de un significado oscuro y distante (Ion: 535a, Político: 260d). Esta tensión en el descubrimiento de lo oculto se profundizará extensamente en la exégesis medieval y su influencia en las corrientes del humanismo (tanto en sentido positivo como negativo).

Aristóteles señala una conexión que mantendrá una larga tradición en la hermenéutica: para él, la hermēnéia está vinculada al lenguaje como una expresión externalista de los pensamientos (De an. 420b). Por otro lado, al usar el término para nombrar uno de los tratados del Órganon, Perì hermēnéias, será identificado más tarde como un término técnico.

En la Edad Media cristiana, se pueden identificar dos tendencias principales con respecto a la recepción de la verdad sagrada, cuyo peso varió a lo largo de este largo período, y alcanzando ambas líneas los tiempos consecutivos:

En la Alta Edad Media temprana, el dictado de Agustín "credo ut intelligam" defiende una transparencia y claridad del mensaje sagrado, relegando la interpretación solo a las imágenes alegóricas del Antiguo Testamento (Agustín 1888: §89).

A partir de la Alta Edad Media tardía, se dudará de tal transparencia y se trasladará hacia la totalidad de los textos sagrados. En cierto contraste con el dictado de Agustín, encontramos la afirmación de Anselmo de Canterbury: "Fidens quaerens intellectum" (c. 1033 - 1109), remarcando que la aprehensión tiene que ser activa (Ortega 1956, Williams 2007).

El sentido de profundizar en significados oscuros para sacarlos a la luz se enfatizará hacia el período del humanismo, donde estas dos tendencias pueden identificarse nuevamente: por un lado, un esfuerzo ecuménico por una interpretación de escritos alegóricos de ascendencia neoplatónica, como en el caso de Pico della Mirandola (1463-1494); por otro lado, un rechazo relativo a las lecturas alegóricas en contraste con la claridad de la palabra de Dios, que debe ser accesible a todos los hombres, como en Erasmo de Rotterdam (c.1466-1536). Esta última tendencia, alineada con la tradición agustiniana, puede identificarse fácilmente con el esfuerzo por la claridad en el núcleo mismo de la modernidad, donde la cuestión de la verdad no estará atada al discurso religioso.

b) Modernidad y la epistemología de la claridad. A pesar de la prevalencia del discurso de la claridad, las posturas contrastantes respecto a la recepción del sentido no disminuyen con el advenimiento de la modernidad; por el contrario, a veces mostraron un conflicto abierto y agudo entre el papel de la autoridad en la contrarreforma y el esfuerzo por la claridad accesible a todos los hombres en el racionalismo. Mientras que entre los primeros, la autoridad es una garantía mediadora en la dureza de la interpretación, en los segundos, la claridad es la principal guía para el espíritu: "todas las cosas que concebimos clara y distintamente son verdaderas" (Descartes 2008, §4). Este tema de la claridad será dominante en el movimiento racionalista y de la Ilustración, fundando una epistemología en la cual la transparencia del sentido y de la verdad será, por ejemplo, la base de la teoría semiótica de Locke, que jugará un papel influyente en la tradición científica —especialmente en el mundo anglosajón (Copleston, v.5, §7.8). En Locke observamos dos tendencias que más tarde podremos encontrar en los modelos de comunicación de la Teoría Matemática de la Comunicación: 1) la ya mencionada transparencia contrastando con la dificultad de la interpretación, 2) la indiferencia del contexto contrastando con la necesidad de reconstruir la —por así decirlo— escena del sentido (Díaz y Hadithi 2009). Respecto a lo primero, Locke concluye su valoración sobre los términos generales afirmando que:

“[…] los hombres, al formar ideas abstractas, y al fijarlas en su mente con nombres anexos a ellas, se capacitan así para considerar las cosas, y discurrir sobre ellas, como si estuvieran en fardos, para la más fácil y pronta mejora y comunicación de su conocimiento […]” (Locke 1690, B.III, §3.20)

Pero estos términos generales —que sustentan la comunicación y el conocimiento— están ligados a ideas generales que deben descontextualizarse:

“Las palabras se hacen generales al hacerse signos de ideas generales: y las ideas se hacen generales, al separar de ellas las circunstancias de tiempo y lugar, y cualesquiera otras ideas que puedan determinarlas a esta o aquella existencia particular.” (ibidem, B.III, §3.6).

c) Del crepúsculo de la Ilustración hacia la posmodernidad. Tras el relativo incumplimiento de las promesas de la Ilustración, justo después de la Revolución Francesa, el tema de la claridad se abre hacia una consideración más profunda de lo oscuro, notable en el movimiento del Romanticismo así como en el idealismo. En el siglo XIX, por ejemplo en la obra de Schleiermacher, la no transparencia del texto será advertida no con respecto a una distancia trascendental, sino por razones lingüísticas, históricas y culturales. La restauración del contexto pasa al primer plano y la interpretación apunta —en Schleiermacher— a "comprender al autor mejor de lo que él mismo se comprendió" (Bollnow 1949), en el sentido de que incluso algo sobre el contexto histórico-cultural puede descubrirse en el proceso hermenéutico (y por tanto, más allá de la intención del autor). El conocimiento histórico y la interpretación se convierten en dos caras de un mismo proceso. Tal identificación se enfatizará en Dilthey, para quien la interpretación es una comprensión intencional (verstehen) de las manifestaciones de la vida fijadas permanentemente (Dilthey 1909: 319). Tal proceso de interpretación difiere claramente de la "comunicación" "más fácil y pronta" del "conocimiento" descrita por Locke. La hermenéutica se vuelve circular: la interpretación de una realidad a comprender se basa en algunos datos previos (contextuales), pero el sentido de estos datos viene dado al mismo tiempo por la comprensión de la realidad que está siendo interpretada. En otras palabras, las perspectivas externas supuestamente utilizadas para 'explicar' los fenómenos —generalmente por medio de la razón causal—, son aquí sustituidas por una perspectiva interna en la que el fenómeno es captado recursivamente. Un cambio similar en la perspectiva de la comprensión se experimenta en los fundamentos de la cibernética de segundo orden (cibernética).

En el siglo XX, la mayoría de las teorías hermenéuticas continúan los caminos abiertos por Schleiermacher y Dilthey. Si consideramos la reducción fenomenológica (epojé), a través de la cual los fenómenos deberían manifestarse claramente (Husserl 1970), como probablemente el último intento filosófico serio de reconstruir el proyecto de claridad de la modernidad (Marías 1967: 403ss, 1980: 263-266), podríamos entonces considerar la época posterior al reconocimiento de la imposibilidad de la reducción fenomenológica como posmodernidad.

Es posible establecer un vínculo entre esta ruptura y el descubrimiento de la incompletitud de Gödel en los sistemas formales o la incertidumbre de Heisenberg en la física (Díaz 2003), que también podrían considerarse como algunos fundamentos formales de la posmodernidad.

Como mostró Ortega en su temprana refutación de la epojé de Husserl (Ortega 1914), la aprehensión nunca puede hacerse sin asunciones. Este es el fundamento de la hermenéutica de Heidegger (Heidegger 1927: §32) para quien toda existencia tiene una pre-comprensión inherente del mundo en el que "es arrojada" (geworfen); y tal pre-comprensión está encarnada en el lenguaje que está disponible para esa existencia. La interpretación en Heidegger se convierte en "la articulación de aquello que se comprende", así como en una dimensión constitutiva de la existencia (ibidem). Esta existencia es "ser-en-el-mundo con los Otros" y en esa medida no puede ser completamente analizada (ibidem, §34). Sin embargo, la pre-comprensión mundana original puede ser captada en el "mundo" desvelado, es decir, en el sistema de relaciones semánticas que nos permite comprender algo como lo que puede "destacar explícitamente". Profundizando en esta línea, Gadamer desarrolla (enfocándose especialmente en el arte, la historia y el lenguaje, por tanto en un sentido más estricto que Heidegger) una ontología plenamente hermenéutica (Gadamer 1975).

Pero si echamos un vistazo a la tradición anglosajona, descubrimos una ausencia práctica del concepto de interpretación tal como fue generalizado primero en el historicismo del siglo XIX y luego por Heidegger. En esta tradición, la interpretación se ha restringido en dos direcciones: 1ª) la comprensión de discursos y textos literarios, enfatizando la devoción a la crítica y metodología literaria; 2ª) el pragmatismo, donde Peirce es la fuente más relevante. En esta segunda línea, la influencia del concepto de interpretación de Peirce respecto a los efectos transmitidos por los signos (Peirce 1958: 5.475) ha sido de gran relevancia en el desarrollo de la teoría de la comunicación y la semiótica, y también en varios conceptos de información.

Como planteamos al principio de este artículo, ¿no hay una falta de preocupación en las teorías de la información con respecto a los problemas revelados por la hermenéutica? ¿No podría un acercamiento entre estas dos líneas de interpretación aportar nuevas luces a los problemas de la información?

La hermenéutica en la era digital

Vivimos en sociedades cuyos sistemas políticos, legales, militares, culturales y económicos se basan en redes digitales de comunicación e información, o en sociedades que están haciendo grandes esfuerzos para cerrar la llamada brecha digital (Capurro et al. 2007). Quizás esta sea una de las razones por las que la hermenéutica, la teoría filosófica que se ocupa de los problemas de interpretación y comunicación, ha perdido aparentemente el interés académico que tenía en el siglo XIX como metodología relevante en las humanidades, así como forma de comprender la existencia humana en el siglo XX. Santiago Zabala, editor de un libro reciente en honor al filósofo italiano Gianni Vattimo, cita a Hans-Georg Gadamer, el padre fundador de la hermenéutica filosófica, de la siguiente manera:

Vattimo ha llamado específicamente a la hermenéutica una koiné: el lenguaje común en el que el pensamiento filosófico después de Heidegger y Wittgenstein, después de Quine, Derrida y Ricoeur, se ha extendido por todas partes; virtualmente un lenguaje filosófico universal. (Zabala 2007, p. 3)

La crítica hermenéutica de Vattimo a la metafísica y su defensa del "pensamiento débil" puede relacionarse con el teorema de parada de Turing, básico para la teoría computacional, así como con el teorema de incompletitud de Gödel (Chaitin 1982) en la medida en que estos teoremas establecen algunos límites fundamentales en nuestra búsqueda de la verdad, lo que nos obliga a distanciarnos de las pretensiones de verdad de la modernidad mencionadas anteriormente. Según estos límites, siempre hacemos presuposiciones teóricas y/o prácticas que no pueden hacerse completamente explícitas de una vez por todas.

Como se muestra en el artículo de Capurro "Interpreting the digital human" (2008), la hermenéutica está íntimamente relacionada desde la década de 1970 con la tecnología digital. Tras haber pasado por la teoría crítica (J. Habermas), el racionalismo crítico (K. Popper), la filosofía analítica (el primer L. Wittgenstein, Hilary Putnam, Donald Davidson), el deconstructivismo (J. Derrida), la fenomenología del símbolo (P. Ricoeur), el psicoanálisis (J. Lacan), el materialismo dialéctico (A. Badiou), la mediología (R. Debray), la hermenéutica del sujeto (M. Foucault) y particularmente por el "pensamiento débil" ("pensiero debole") de Gianni Vattimo, por mencionar solo algunas de las escuelas filosóficas contemporáneas prominentes, la Hermenéutica se enfrenta hoy al desafío que surge de la tecnología digital al convertirse en lo que Capurro llama hermenéutica digital. Toda transformación revolucionaria en filosofía que conduce a la creación de un nuevo tipo de racionalidad surge habitualmente de un avance científico o tecnológico excepcional (Bosteels 2006, p. 116). La red digital global e interactiva de hoy, Internet, es uno de esos avances. El desafío de Internet a la hermenéutica concierne principalmente a su relevancia social para la creación, comunicación e interpretación del conocimiento. Este desafío implica un cuestionamiento del rechazo pseudo-crítico de la hermenéutica con respecto a la tecnología en general y a la tecnología digital en particular (Capurro 1990). Enfrentándose al desafío digital, la hermenéutica debe desarrollar una "lógica productiva" (Heidegger 1976, p. 10) hacia la comprensión de los fundamentos de la tecnología digital y su interacción con la existencia humana. Una lógica productiva "se adelanta" (ibíd.) a la autocomprensión establecida de una ciencia dada, en este caso de la hermenéutica, para emprender una revisión de sus conceptos principales y abrir una nueva área de investigación.

Existe una ceguera en algunos estudios de la hermenéutica contemporánea con respecto a estos desafíos (Figal 2007), con algunas excepciones (Irrgang 2005, 2007; Fellmann 1998; Kurthen 1992), así como en artículos de enciclopedia aparentemente exhaustivos (Gadamer 1974, Grondin 1996, Ramberg y Gjesdal 2005) también con pocas excepciones (Introna 2005; Mallery, Hurwitz y Duffy 1990). En su artículo "Hermeneutics" en la Encyclopedia of Artificial Intelligence, Mallery et al. hablan sobre la "naturaleza precomputacional de la hermenéutica contemporánea" y sugieren "la reformulación y refinamiento de las ideas sobre tanto la hermenéutica como la IA." (Mallery et al. 1990, p. 374).

En este contexto, la hermenéutica observa cómo el código digital es interpretado e implementado en las sociedades globalizadas del siglo XXI. Sus temas abarcan desde los procesos de la red digital a nivel social hasta los sistemas de comprensión autónomos (robótica) pasando por los sistemas híbridos biológicos (biónica) y la manipulación (digital) de la materia a nivel nano (nanotecnología). Este amplio espectro de problemas de interpretación y producción de sentido en el horizonte de las técnicas avanzadas del siglo XXI tiene como foco social el estudio de los sistemas de interpretación social en lo que actualmente se llama la Web 2.0. En este sentido se puede decir que el círculo hermenéutico como metáfora fundamental de la hermenéutica filosófica se transforma en lo que podemos llamar la red hermenéutica. Esto implica también un cambio de otra categoría central de la hermenéutica filosófica, la de “fusión de horizontes” (Gadamer 1975, 284).

Hacia una hermenéutica digital

En el caso de la hermenéutica digital no se trata de una “fusión” sino de un entrelazamiento de nodos que constituyen el tejido tanto de la red digital misma como de su hibridización con el “mundo de la vida” (“Lebenswelt”) con sus estructuras y sistemas sociales, culturales, religiosos, económicos y políticos, así como con los procesos naturales. Esto implica no un reemplazar pero sí un desplazar los temas de la historicidad de la existencia humana y del lenguaje natural por los de la comunicación basada en el código digital y la artificialidad digital como tópicos centrales de la hermenéutica en el siglo XXI. El mismo carácter existencial de comprender («Verstehen») en el sentido de un proyectar(se) del ser humano ha de ser visto en este amplio marco de lo digital hibridizado con los proyectos humanos, en especial con sus productos artificiales pero también con la naturaleza y las posibilidades también híbridas que entran en juego. Retomando una famosa frase de Martin Heidegger en “Ser y tiempo”, cuando hace referencia a que el conocimiento humano se encuentra en un círculo no vicioso con respecto al cual no se trata de buscar una salida sino de entrar en él “de forma adecuada” (“nach der rechten Weise”) (Heidegger 1976, 153), podemos decir que en el siglo XXI las sociedades buscan una entrada adecuada a la red digital. En otras palabras, el código digital es actualmente una pre-comprensión (“Vorverständnis”) óntica de los procesos de interpretación (“Auslegung”) y construcción, almacenamiento y transmisión de sentido de las sociedades advenientes.

En un mundo digitalmente globalizado con sociedades estructuradas en base a sistemas que interactúan sin tener un meta-sistema fijo y único al cual puedan referirse tanto en su búsqueda de criterios de verdad como de legitimación ética y política, el tema de las tensiones, malentendidos, conflictos, oposiciones, conjunciones, ambiciones, intereses e ilusiones, con relación a los procesos de comprensión de sentido a nivel global y local, deviene un punto clave, sobre todo si se lo ve en el horizonte de los procesos técnicos acelerados y socialmente generalizados que comenzaron con la popularización de la Internet a fines del siglo pasado y su expansión en base a las técnicas móviles de comunicación. Pero el impacto de la computación digital va más allá de un sistema global de comunicación, pues implica una perspectiva metodológica que hace por ejemplo de la biología genética una técnica de transformación de los seres vivientes, de la física atómica una técnica de transformación de la base material de la realidad a nivel nano, de la investigación de los procesos psíquicos y de su base orgánica una manipulación de los mismos en base a implantes y técnicas de perfeccionamiento y/o ampliación (“enhancement”) de los mismos. En otras palabras, el así llamado cuarteto mágico bio-nano-info-cogno tiene su base en una hermenéutica filosófica digital implícita que no sólo comprende sino también construye dichos procesos y fenómenos valiéndose de la técnica digital.

Como se ha argumentado en otro lugar (Capurro 2008, 2009), la tarea de la hermenéutica en la era digital es doble, a saber, pensar lo digital y al mismo tiempo ser interpelada por ello. La primera tarea conduce a la cuestión de la manera en que el código digital tiene un impacto en todo tipo de procesos, particularmente los societales. A este respecto, la hermenéutica digital se encuentra en el centro de la ética de la información entendida como la reflexión ética sobre las reglas de comportamiento que subyacen a la red digital global, incluida su interacción con otros sistemas sociales, así como con los procesos naturales. La segunda tarea se refiere al desafío de lo digital con respecto a la autointerpretación de los seres humanos en todas sus dimensiones existenciales, particularmente sus cuerpos, su autonomía, su forma de concebir y vivir en el tiempo y el espacio, sus estados de ánimo y su comprensión del mundo, la construcción de estructuras sociales, su comprensión de la historia, su imaginación, su concepción de la ciencia y sus creencias religiosas.

Mientras la hermenéutica filológica estaba ocupada en comprender la verdad de un texto en base a criterios que aseguraran la objetividad de su interpretación, la hermenéutica filosófica descubre que siendo la comprensión una dimensión ontológica del intérprete, este no puede menos que incluirse en dicho proceso, lo cual puede entenderse superficialmente como una visión subjetivista y relativista del conocimiento, siendo así que se trata de un proceso de autoobjetivación y construcción social e histórica del sujeto, así como también, paradójicamente, de una desubjetivización fundamental del mismo. La hermenéutica digital radicaliza este proceso de autocomprensión y autoconstrucción incluyendo los procesos biológicos que vienen siendo entendidos como procesos de comunicación de mensajes que pueden ser modificados artificialmente.

Según Lawrence Lessig, "el código es la ley" (Lessig 1999). Si este es el caso, entonces la hermenéutica debe reflexionar sobre la naturaleza de este código y su interacción con la economía, la política y la moralidad. El equilibrio entre estas esferas, incluida la naturaleza, está relacionado con lo que a menudo se llamaba justicia (“dike”) en la filosofía clásica griega. Este concepto es más amplio que el aplicado a las interacciones sociales, particularmente en lo que respecta a la distribución de la riqueza económica. Implica la compleja interacción entre los humanos y la naturaleza utilizando diferentes programas o códigos digitales que interactúan con procesos naturales (Eldred 2006). Sería 'injusto' si el ciberespacio llegara a dominar otras esferas convirtiéndose en una metafísica digital. La tarea de debilitar tal proyecto es una labor principal de la hermenéutica digital. Un ejemplo de una versión fuerte de lo digital es el dominio de los medios de masas con sus estructuras jerárquicas en el siglo XX. Vilém Flusser temía que este poder se convirtiera finalmente en el dominante sobre las estructuras dialógicas de comunicación (Flusser 2006). Internet debilita los monopolios de los medios. El código digital hace posible la interacción de lo humano con lo natural y lo artificial. La red digital debilita la visión occidental clásica de un sujeto autónomo y hace posible un diálogo con las visiones taoístas de la naturaleza (Jullien 2003) así como con el budismo japonés (Capurro 2006).

La ética se ocupa principalmente de una pregunta: ¿quién soy yo? Esta pregunta no debe entenderse como formulada por un individuo aislado, sino como una pregunta humana básica que se plantea implícita o explícitamente en la vida práctica por todo ser humano, no menos que por grupos, estados y la dimensión global de hoy: ¿quiénes somos como humanidad? Esta pregunta es todo menos académica. Es una cuestión de supervivencia. La hermenéutica en la era digital debe tomar conciencia de esta situación para hacer explícitas las diferentes normas e identidades políticas, legales y culturales, la forma en que se ven afectadas por el código digital y las consecuencias para la construcción de identidades humanas, así como para la interacción entre la naturaleza y la sociedad. Siguiendo a Foucault, la ética puede entenderse como el cuestionamiento de la moralidad (Foucault 1983). Funciona como un catalizador de procesos sociales, debilitando el dogmatismo de la moralidad y la ley sin esforzarse simplemente en su reemplazo por otro código moral. Es un espacio abierto o libre que permite una crítica permanente de todo tipo de procesos de bloqueo dentro y más allá de la esfera digital. ¿Quiénes somos como sociedad a nivel local y global en la era de la comunicación digital y globalizada? Esta pregunta no aborda un problema de interpretación de textos, sino nuestra propia autocomprensión y 'verificación' en el sentido de que los medios en sí mismos y los procesos que son objeto de estudio hermenéutico son al mismo tiempo dimensiones existenciales de los propios intérpretes. El sujeto hermenéutico se 'verifica' o se hace a sí mismo un objeto digital.

La existencia humana es una actividad valorativa, pero el evaluador humano no tiene un valor, sino una "dignidad" o "Würde" como la llamó Kant. Esto no se basa necesariamente en una visión metafísica del hombre y del mundo, sino que surge ya de la misma situación de ser-en-el-mundo en sí misma, en la medida en que este ser en sí no es algo que podamos valorar, sino que es el horizonte dentro del cual tiene lugar toda valoración. Dentro de este horizonte, todos los seres, humanos o no, tienen una dignidad, pero los seres no humanos, en la medida en que no son sujetos de procesos de valoración, tienen un valor relativo cuando se convierten en objeto de transacciones humanas dentro de un proceso social de valoración. Desde esta perspectiva, la economía como un proceso de valoración permanente es un rasgo principal de toda comunidad humana como tal. Esta reflexión hermenéutica deja claro por qué la esfera digital, como producto de la invención humana, no puede convertirse en el horizonte final de valoración para toda posible comprensión del mundo y de la existencia humana. Siendo relativo, lo digital se convierte en una oportunidad para que los sujetos del siglo XXI se transformen a sí mismos y a sus conexiones en y dentro del mundo, superando, por ejemplo, los fuertes conceptos metafísicos que guiaron la autocomprensión de las sociedades occidentales durante siglos. Esto no significa que tales conceptos puedan dejarse de lado o simplemente ser reemplazados por los nuevos, sino que pueden hibridarse con diferentes tipos de razones, imaginaciones, ambiciones y utopías, esperanzas y decepciones que surgen del código digital.

Si este es el caso, en diferentes formas e intensidades, el código digital se convierte en una contribución real a la humanidad, así como a su interacción con esferas no humanas. Podría debilitar las ambiciones metafísicas del logos (occidental) haciéndolo más flexible con respecto a la interacción cultural global en la que buscamos razones para nuestras preferencias en diálogo con diferentes creencias y deseos de otros seres humanos. Un mundo futuro debe estar abierto a un horizonte de comprensión abierto en el que el "principio de caridad" juegue un papel principal evitando el peligro de que las razones se conviertan en creencias dogmáticas para ser eventualmente impuestas a otros por la fuerza. La red digital podría convertirse en el lugar donde tales traducciones entre diferentes lenguajes tengan lugar a escala global en este nuevo siglo. Esto significa permitir al otro articularse en la red, buscando nodos de relaciones, deviniendo como un sujeto hermenéutico de la era digital. Esta es la razón de la relevancia de la ética intercultural de la información (Hongladarom y Ess 2007; Capurro et al. 2007).

¿Quiénes somos en la era digital? ¿Qué significa para la humanidad ser transformada a través del código digital? ¿Cuáles son las consecuencias epistemológicas, ontológicas y éticas? ¿Cómo se hibridan las culturas humanas y de qué manera esta hibridación afecta la interacción con los procesos naturales y su interacción con la producción y el uso de todo tipo de productos artificiales en una economía digital? Estas preguntas van mucho más allá del horizonte de la hermenéutica clásica como teoría de interpretación de textos, así como más allá de la hermenéutica filosófica clásica que trata la cuestión de la existencia humana independientemente del impacto penetrante de la tecnología digital. Vivimos en un mundo que es cada vez menos un "mundo de la vida" familiar. Nos hemos convertido en un campo problemático que requiere un arduo trabajo y un gran sudor ("factus sum mihi terra difficultatis et sudoris nimii"; Augustinus 1998, X, p. 16). La hermenéutica se malinterpreta a sí misma si no se ocupa óntica y ontológicamente de la tecnología digital con su abrumador impacto en nuestras vidas. Mientras que la tecnología digital perseguiría un objetivo vacío, si creemos que "la información es suficiente" y descuidamos restaurar "las razones de lo que se dice". Por lo tanto, podríamos estar construyendo una Sociedad de la Información "sin sentido".

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