Draft:Lenguaje claro
| Clarification activity | Gestión del conocimiento, Tecnologías y gestión de la información y el conocimiento |
| Author(s) | Daniel Sánchez Babiano, Diego Santamaría Guzmán, Esther Escribano, Libardo Baquero Briñez, Liz Karen Ramirez Rojas, Maribel Ropero Aguila |
| Creation date | 29 dic 2025 |
| Status | 🟢 Necesita mejoras |
| Reviews | Rev.1 |
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Observaciones de revisión: Este artículo requiere las mejoras indicadas a continuación:
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Introducción; por Daniel Sánchez
Se denomina lenguaje claro a la forma de comunicar información de manera comprensible, directa y accesible, de modo que cualquier persona pueda entender el contenido a la primera lectura, sin necesidad de conocimientos técnicos previos. Este enfoque comunicativo se basa en el uso de frases sencillas, vocabulario común, una estructura ordenada y coherente del mensaje, así como en la eliminación de ambigüedades, tecnicismos innecesarios y complejidades superfluas. El lenguaje claro no implica empobrecer el contenido ni perder rigor, sino adaptar la forma del mensaje para que sea fácilmente entendible por el público al que va dirigido. En esencia, se trata de priorizar al lector mediante una combinación equilibrada de lengua, estructura y diseño que facilite la comprensión inmediata del mensaje.
El concepto de lenguaje claro surge como respuesta a la dificultad que muchas personas encuentran al enfrentarse a textos administrativos, legales, técnicos o tecnológicos, caracterizados tradicionalmente por un estilo complejo y poco accesible. Durante décadas, la comunicación especializada ha estado marcada por un exceso de formalismo y una fuerte dependencia de un lenguaje técnico que, aunque preciso para expertos, resulta confuso para la mayoría de la población. El lenguaje claro propone un cambio de enfoque: pasar de escribir pensando en quien emite el mensaje a escribir pensando en quien lo recibe. Esta perspectiva sitúa al ciudadano, usuario o lector común en el centro del proceso comunicativo.
Adoptar el lenguaje claro implica tener en cuenta no solo las palabras utilizadas, sino también la organización de la información, el orden lógico de las ideas y la forma en que se presentan los contenidos. Un texto con un lenguaje claro responde con rapidez a las preguntas básicas del lector, utiliza párrafos breves, títulos descriptivos y ejemplos cuando sea necesario, y evita expresiones rebuscadas o frases excesivamente largas. Todo ello ayuda a reducir el esfuerzo cognitivo necesario para entender el mensaje y mejora la experiencia del lector.
La complejidad técnica inherente a las Tecnologías de la Información supone un reto comunicativo significativo. Manuales de usuario, interfaces, mensajes de error, políticas de privacidad, términos y condiciones, documentación técnica o instrucciones de uso suelen estar redactados con un lenguaje excesivamente técnico o poco intuitivo. Cuando la información no se presenta de forma clara, el resultado es una barrera que dificulta el acceso y el uso de la tecnología, genera frustración en los usuarios y aumenta la probabilidad de errores. El lenguaje claro actúa aquí como un elemento facilitador que permite traducir la complejidad técnica en mensajes comprensibles y útiles.
Además, el uso del lenguaje claro en el ámbito tecnológico contribuye de manera directa a mejorar la eficiencia y la seguridad de los sistemas de información. Instrucciones claras reducen el número de incidencias, disminuyen la necesidad de soporte técnico y ayudan a que los usuarios comprendan mejor las acciones que realizan y sus consecuencias. Del mismo modo, mensajes de advertencia o notificaciones bien redactadas permiten tomar decisiones informadas y prevenir usos incorrectos de las aplicaciones o sistemas.
El Origen Ideológico; por Libardo Baquero Briñez
El lenguaje constituye el principal instrumento de relación entre las instituciones y la ciudadanía. No obstante, de forma histórica, los textos administrativos, legales y normativos se han caracterizado por un elevado grado de complejidad léxica y sintáctica que dificulta su comprensión por parte de los destinatarios no especializados. Esta falta de claridad ha generado una brecha comunicativa con efectos directos sobre el acceso efectivo a los derechos, la transparencia institucional y la confianza ciudadana. En respuesta a este problema surge el enfoque conocido como lenguaje claro (plain language), entendido como un principio comunicativo orientado a garantizar que la información pública sea comprensible a la primera lectura por el mayor número posible de personas.
Desde una perspectiva histórica, el primer antecedente conceptual del lenguaje claro se sitúa en el Reino Unido, en el ámbito de la administración pública. En 1946, el entonces primer ministro Winston Churchill emitió una instrucción dirigida a los funcionarios en la que criticaba el uso de un lenguaje burocrático excesivamente complejo y reclamaba una redacción clara, directa y comprensible. Aunque en ese momento no se utilizó aún el término plain language, este documento se considera el origen ideológico del movimiento, al establecer explícitamente la claridad como principio de buena administración.
Seguimiento y consolidación del concepto hasta su incorporación académica en las universidades; por Libardo Baquero Briñez
La consolidación terminológica y conceptual se produce a partir de la década de 1970. En el Reino Unido, los procesos de reforma administrativa y legal favorecieron el uso sistemático del término plain English, que quedó institucionalizado en 1979 con la creación de la Plain English Campaign, organización clave en la difusión internacional del concepto. De manera paralela, en Estados Unidos, el lenguaje claro adquirió respaldo político y normativo cuando el presidente Jimmy Carter promovió en 1978 el uso de plain language en los documentos federales, considerándolo en el ámbito jurídico-administrativo. A partir de este momento, el lenguaje claro dejó de ser una recomendación estilística para convertirse en un principio institucional vinculado al funcionamiento democrático del Estado.
La incorporación del lenguaje claro al ámbito universitario se produjo de forma progresiva y estuvo motivada principalmente por problemas prácticos detectados en el Derecho. A mediados de los años setenta, diversas facultades de Derecho de Estados Unidos comenzaron a introducir asignaturas y módulos de Legal Writing orientados a la claridad y la funcionalidad del discurso jurídico. El hito académico más citado es la publicación en 1979 de Plain English for Lawyers de Richard C. Wydick, obra que fue adoptada como manual docente en numerosas universidades y que marcó la institucionalización académica del lenguaje claro. Durante la década de 1980, este enfoque se extendió en Norteamérica a la comunicación profesional, la redacción técnica y la escritura administrativa. En Canadá, el proceso fue especialmente temprano y sistemático, impulsado por la propia administración pública. En el Reino Unido y en Europa continental, la entrada del lenguaje claro en la universidad se consolidó entre los años ochenta y noventa, vinculada a la lingüística aplicada, el derecho administrativo y la comunicación institucional. Desde los años noventa, el enfoque se amplió a disciplinas como la traducción e interpretación, el periodismo, la administración pública y, posteriormente, los estudios de empresas y finanzas, bajo denominaciones como clear communication o user-centered writing.
El lenguaje claro en Internet y las Tecnologías de la Información: por Liz Karen Ramírez.
La expansión de la tecnología digital y, especialmente, de Internet supuso un punto de inflexión decisivo en la evolución del lenguaje claro. Lo que hasta finales del siglo XX había sido un enfoque aplicado principalmente al ámbito jurídico y administrativo comenzó a consolidarse, a partir de mediados de la década de 1990, como un principio central de diseño y comunicación dentro de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), alcanzando su plena consolidación en los años 2000.
El boom tecnológico introdujo un cambio estructural en los destinatarios del mensaje. Los textos dejaron de dirigirse a lectores especializados para orientarse a usuarios finales muy diversos, con distintos niveles de alfabetización, competencias digitales y contextos socioculturales. En este nuevo escenario, el uso de un lenguaje técnico opaco se volvió inviable, ya que la incomprensión pasaba a traducirse directamente en errores, abandono de tareas o exclusión digital. Como consecuencia, el lenguaje claro comenzó a aplicarse de forma sistemática en distintos ámbitos tecnológicos.
En primer lugar, en el desarrollo de software y de interfaces digitales. Desde finales de los años ochenta y, especialmente, durante la década de 1990, disciplinas como la Interacción Persona-Ordenador (HCI) y la Usabilidad incorporaron el lenguaje claro como un requisito funcional. Investigadores y profesionales como Jakob Nielsen defendieron que los sistemas digitales debían comunicarse con los usuarios utilizando términos comprensibles, directos y coherentes. De este modo, el lenguaje claro dejó de entenderse únicamente como un criterio lingüístico y pasó a considerarse una herramienta esencial de usabilidad.
En segundo lugar, la expansión de Internet y de la web pública entre 1995 y 2005 impulsó decisivamente su adopción. La generalización de la World Wide Web llevó a gobiernos, empresas y universidades a publicar grandes volúmenes de información en línea, lo que puso de manifiesto dos retos fundamentales: la presencia de usuarios no expertos y la lectura rápida en pantalla. Para responder a estas limitaciones, el lenguaje claro se integró en la redacción web, la arquitectura de la información y el diseño centrado en el usuario. Durante este periodo, se vinculó estrechamente a conceptos como la escaneabilidad del texto (scanability), la reducción de la carga cognitiva y la mejora de la accesibilidad.
En tercer lugar, a comienzos de los años 2000, el desarrollo de la administración electrónica y los proyectos de e-government reforzaron su dimensión institucional. En países como Estados Unidos, Canadá y en el ámbito de la Unión Europea, el lenguaje claro se incorporó de manera explícita a los servicios públicos digitales. En este contexto se produjo un cambio significativo: el lenguaje claro dejó de considerarse una simple buena práctica para convertirse en un estándar normativo y tecnológico, estrechamente vinculado a la accesibilidad digital, la inclusión social y la eficiencia administrativa.
En cuarto lugar, la accesibilidad web y los estándares internacionales consolidaron su reconocimiento formal. Con la publicación de las Web Content Accessibility Guidelines (WCAG) por el W3C en 1999 y en sus versiones posteriores, el lenguaje claro pasó a reconocerse explícitamente como un requisito para garantizar el acceso a personas con discapacidades cognitivas, bajo nivel de alfabetización o barreras lingüísticas. Desde entonces, se entiende como un componente técnico de la accesibilidad web, y no únicamente como un recurso estilístico.
Paralelamente, en el ámbito tecnológico el concepto de lenguaje claro evolucionó y se amplió, integrándose bajo denominaciones como plain language, clear communication, UX writing o content design. Especialmente a partir de 2010, con el auge de las aplicaciones móviles y de las plataformas digitales, el lenguaje claro se consolidó como una competencia profesional específica, aplicada a mensajes de error, formularios, interfaces, contratos digitales y políticas de privacidad.
En síntesis, la incorporación del lenguaje claro a las TIC puede entenderse de forma cronológica: en los años noventa se integra en la usabilidad y la HCI; entre 1995 y 2005, la web e Internet impulsan su adopción masiva; durante los años 2000 se consolida en la administración electrónica y la accesibilidad; y, desde 2010, se desarrolla plenamente a través del UX writing y el diseño de contenidos digitales. Este recorrido confirma que el lenguaje claro es hoy un elemento estructural de la comunicación digital eficaz y accesible.
Objetivos del lenguaje claro; por María Isabel Ropero
Para llevar a cabo los objetivos del lenguaje claro existen una serie de normativas y guías que deben de aplicarse.
Para ello vamos a desarrollar una de las más recientes, UNE-ISO 24495-1:2024. Es la norma española adoptada de la norma internacional ISO 24495-1:2023, titulada plain language.
En España esta norma fue publicada por AENOR (Asociación Española de Normalización) en febrero de 2024 y está vigente como estándar UNE de aplicación voluntaria para redactar textos en lenguaje claro.
La norma establece un conjunto de principios que deben seguir los escritos para considerarse en lenguaje claro. Estos principios ponen el foco en el lector y no en métricas como índices de legibilidad. Según la norma, un documento está en lenguaje claro si permite que el lector pueda:
- Encontrar lo que necesita.
- Entenderlo.
- Usarlo eficazmente para su propósito.
Estos principios se basan en la idea de que la comunicación efectiva se logra cuando se tiene en cuenta:
- Lo que el lector realmente quiere y necesita saber.
- Su nivel de experiencia o competencia lingüística.
- El contexto de uso del documento.
Por lo tanto, el lenguaje claro tiene como objetivo principal lograr que la información sea comprendida fácilmente por todas las personas, sin importar su nivel educativo o conocimientos previos. Siendo los objetivos principales:
- Facilitar la comprensión; el lenguaje claro busca que las personas entiendan el mensaje en la primera lectura, sin necesidad de releer o pedir aclaraciones.
- Reducir errores y confusiones; cuando la información es clara, disminuyen los malentendidos, errores en trámites, interpretaciones incorrectas o decisiones equivocadas.
- Garantizar el derecho a entender; todas las personas tienen derecho a comprender la información que reciben, especialmente cuando se trata de documentos oficiales, educativos o de salud.
- Mejorar la comunicación; el lenguaje claro hace que la comunicación sea más directa, efectiva y accesible entre quien emite el mensaje y quien lo recibe.
- Ahorrar tiempo y recursos; al evitar explicaciones repetidas, reclamos o correcciones, se optimizan los recursos tanto de las personas como de las instituciones.
Por lo que los objetivos del lenguaje claro buscan una comunicación más justa, eficiente y accesible para todos.
Características del lenguaje claro; por Esther Escribano
El lenguaje claro presenta una serie de rasgos o características que lo diferencian de otros estilos de redacción más complejos o burocráticos. El lenguaje claro no está pensado para las personas con dificultades de comprensión.
A continuación se describen algunos de los más importantes.
- Enfoque en el lector
La primera característica del lenguaje claro es que se centra en las necesidades de la persona que va a leer el texto, es decir adecuar el lenguaje al destinatario del mensaje. Antes de escribir o redactar un texto, es necesario preguntarse quién es el destinatario, qué sabe ya sobre el tema y qué necesita saber para poder actuar. No es lo mismo redactar una instrucción para personal especializado que para personas sin formación técnica.
Este enfoque obliga a abandonar expresiones demasiado formales o internas de la organización y sustituirlas por explicaciones que resulten útiles a la vida real del usuario. En lugar de redactar pensando en quedar bien ante otros profesionales, se escribe pensando en que el mensaje sea de verdad útil para la persona que lo recibe.
- Claridad léxica
Otra característica esencial es la elección de un vocabulario sencillo y habitual, que son claves para facilitar la comprensión. Se procura usar palabras de uso común y evitar siglas, abreviaturas o tecnicismos que no se hayan explicado. Cuando se utilizan términos complejos porque son necesarios, se acompañan de definiciones simples o de ejemplos concretos. De este modo, el texto se hace accesible a un mayor número de personas, independientemente de su nivel educativo.
La claridad léxica también implica evitar las frases hechas, muletillas, rodeos y las fórmulas vacías típicas de algunos textos administrativos o jurídicos. Expresiones como “de conformidad con lo dispuesto” o “en virtud de la presente” pueden sustituirse por formas más directas como “según esta norma” o “con este documento”. La idea es reducir la distancia entre el lenguaje institucional y el lenguaje cotidiano. También hay que evitar palabras nuevas aún no aceptadas por la Real Academia Española (RAE).
- Frases y párrafos sencillos
El lenguaje claro apuesta por frases no demasiado largas, bien estructuradas con sujeto y predicado y con una idea principal bien definida. Las oraciones excesivamente extensas, hacen que el lector se pierda interés y tenga que releer varias veces para entender el sentido. También hay que evitar que haya demasiadas oraciones subordinadas que dependen de una oración principal y la hacen más complejas. En cambio, frases más cortas y directas facilitan que la información se procese con rapidez, algo especialmente importante cuando se lee en pantallas pequeñas como las de los teléfonos móviles.
Del mismo modo, los párrafos suelen ser breves y tratan un solo tema. Los bloques de texto muy compactos dificultan la lectura, especialmente en medios digitales. Separar la información en párrafos claros permite que el lector haga pausas naturales y asimile mejor el contenido. Esto no significa que el texto tenga que ser pobre, sino que debe estar organizado de manera ordenada y amable.
- Estructura lógica
Un texto en lenguaje claro presenta una estructura lógica, en la que el lector puede seguir el hilo sin esfuerzo. Normalmente se comienza por lo más importante: qué se quiere comunicar, qué debe hacer la persona que lee o cuál es la idea central. Después se añadirán los detalles, las condiciones y la información complementaria. Este orden ayuda a que el lector no se pierda en explicaciones secundarias antes de saber para qué está leyendo ese texto.
Para reforzar esa estructura se utilizan títulos y subtítulos informativos, que adelantan el contenido de cada apartado. También son muy útiles las listas con viñetas o con números para agrupar elementos relacionados. Todo ello tiene como objetivo que el lector pueda localizar rápidamente la información que le interesa sin tener que leer todo el texto de principio a fin.
- Diseño y presentación
Aunque el diseño parezca un aspecto distinto al lenguaje, en realidad es una parte importante del lenguaje claro. Un texto con una letra demasiado pequeña, poco contraste o sin espacios en blanco resulta difícil de leer, por muy bien redactado que esté. En papel y, sobre todo, en pantalla, la presentación influye directamente en la comprensión. Por eso se recomienda utilizar tipografías legibles, márgenes adecuados y suficiente espacio entre líneas y párrafos.
En los entornos digitales, el diseño claro incluye menús comprensibles, botones con etiquetas sencillas y mensajes de error que explican qué ha pasado y cómo se puede solucionar. Todos estos elementos forman parte de la experiencia de lectura y, por tanto, del lenguaje claro aplicado a la comunicación digital.
También añadir imágenes, iconos, gráficos, ilustraciones o fotografías pueden aportar mucha información.
Estrategias Lingüísticas Específicas; por Diego Santamaría
A nivel Micro-Lingüístico, el “Lenguaje Claro”, toma un conjunto de estrategias orientadas a reducir la carga cognitiva del lector, así como facilitar el procesamiento de la información escrita, estas estrategias actúan directamente sobre la estructura y composición de las oraciones, la selección léxica a utilizar y la forma de dirigirse al destinatario, con el objetivo de hacer los textos más comprensibles, funcionales y accesibles, sobre todo en cuando se trata de contextos más complejos como pueden ser el caso de contextos informativos, administrativos o tecnológicos.
Estrategias:
- Control de la longitud de las oraciones: Consiste en limitar la extensión de las frases para que el lector pueda procesar la información de forma clara y concisa, reduciendo la fatiga cognitiva.
- Uso preferente de la voz activa: La voz activa identifica claramente quién realiza la acción, lo que hace el mensaje más directo y transparente.
- Uso de vocabulario común y frecuente: Utilizar palabras conocidas por la mayoría de las personas, evitando tecnicismo innecesarios.
- Mantenimiento del orden sintáctico natural (Sujeto + Verbo + Complemento): Esta estructura coincide con el patrón más común del procesamiento lingüístico, lo que permite al lector comprender la oración de forma rápida y predecible, sin necesidad de reorganizar mentalmente la información.
- Aplicación de la primera y segunda persona: El uso de pronombres personales establece una relación más cercana con el lector, lo involucra directamente en el mensaje y reduce la sensación de distancia.
- Uso de conectores simples y explícitos: Los conectores ayudan al receptor a entender la relación entre ideas, cuando más simple sea el conector, más fácil se realiza la conexión de ideas.
- Evitar dobles negaciones: El uso de las dobles negaciones dificulta la interpretación del mensaje, debido a que genera una contradicción en el mensaje.
Tipos de lenguaje claro; por Diego Santamaría
| TIPO DE “LENGUAJE CLARO” | OBJETIVO | EJEMPLO PRÁCTICO |
| Institucional / Administrativo | Facilitar la compresión de documentos oficiales y trámites administrativos | Formularios de inscripción, permisos, certificados, etc. |
| Tecnológico / Digital | Que usuarios comprendan software, aplicaciones y manuales técnicos | Manuales de usuario de programas, mensajes de confirmación en aplicaciones, instrucciones paso a paso. |
| Jurídico / Legal | Reducir ambigüedad y mejorar transparencia en textos legales | Contratos de servicios con cláusulas simples, resúmenes de derechos y obligaciones |
| Académico / Educativo | Hacer comprensibles conceptos complejos sin perder rigor académico | Libros de texto explicativos, guías educativas con ejemplos cotidianos, infografías |
| Para accesibilidad | Garantizar comprensión a personas con dificultades de lectura o cognitivas | Textos en lectura fácil, pictogramas, materiales adaptados para personas con discapacidad intelectual |
Rentabilidad de la Comunicación Clara; por Diego Santamaría
La incompresibilidad genera gastos ocultos masivos para las organizaciones. Por culpa de la mala comunicación y falta de comprensión en los mensajes genera distracciones, errores y pérdidas de tiempo que afectan tanto a empleados como a directivos, provocando pérdidas económicas elevadas en las economías industrializadas.
El uso del lenguaje claro aporta beneficios económicos concretos, ya que la redacción de documentos de forma correcta reduce la necesidad de consultas adicionales, así como llamadas o correos electrónicos para solventar dudas (contractuales, normativas..).
A su vez, formularios diseñados de manera simple y con una redacción fácil de interpretar reducen el número de solicitudes cumplimentadas erróneamente, así como, el tiempo de realización de las mismas. De esta manera, en casos comerciales o contractuales, la claridad de la redacción, permite que las transacciones y procesos administrativos se completen con mayor rapidez, mejorando el flujo de trabajo y la rotación de trámites. Además, el uso de una redacción transparente y comprensible ayuda a reducir los riesgos laborales, ya que evita malentendidos relacionados con cláusulas contractuales y disminuye la probabilidad de conflictos, sanciones, etc.
Cierre: por Daniel Sánchez
En definitiva, el lenguaje claro no es una simplificación empobrecedora del discurso, sino una forma responsable y eficaz de comunicación que pone a las personas en el centro. A lo largo de este trabajo hemos analizado su origen, su evolución, sus principales estrategias, tipologías y ámbitos de aplicación, evidenciando que se trata de una herramienta transversal con impacto directo en la comprensión, la transparencia y la confianza. Adoptar el lenguaje claro implica un compromiso ético y profesional: comunicar mejor para que todos puedan entender, decidir y participar en igualdad de condiciones. En un contexto social y tecnológico cada vez más complejo, el lenguaje claro se consolida no solo como una buena práctica, sino como una necesidad imprescindible para garantizar una comunicación verdaderamente accesible y eficaz.
Referencias:
Asociación de Lenguaje Claro (PLAIN). (s.f.). ¿Qué es el lenguaje claro? Plain Language Association International. https://plainlanguagenetwork.org/plain-language/what-is-plain-language/
Cassany, D. (1995). La cocina de la escritura. Editorial Anagrama. https://www.anagrama-ed.es/libro/argumentos/la-cocina-de-la-escritura/9788433913920/A_159
Center for Plain Language. (2023). Five Steps to Plain Language [Cinco pasos para el lenguaje claro]. https://centerforplainlanguage.org/learning-training/five-steps-plain-language/
García Cueto, J. L. (2015). Manual de lenguaje claro. Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación Argentina. https://www.jus.gob.ar/media/3115451/manual_de_lenguaje_claro.pdf
International Federation for Adavance of Plain Language (IFAPL). (2023). ISO 24495-1:2023(en) Plain language — Part 1: Governing principles and guidelines. https://www.iso.org/obp/ui/#iso:std:iso:24495:-1:ed-1:v1:en
Real Academia Española. (2022). Red Panhispánica de Lenguaje Claro. https://www.rae.es/era/red-panhispanica-de-lenguaje-claro
Secretaría de la Función Pública. (2017). Guía de Lenguaje Claro. Gobierno de México. https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/261053/Guia_Lenguaje_Claro.pdf
W3C. (2018). Web Content Accessibility Guidelines (WCAG) 2.1. World Wide Web Consortium. https://www.w3.org/TR/WCAG21/
European Commission. (2017). Clear writing for Europe. Publications Office of the European Union.https://commission.europa.eu/system/files/2023-11/styleguide_english_dgt_en.pdf
Real Academia Española & Consejo General del Poder Judicial. (2020). Informe sobre el lenguaje claro y el derecho a comprender. RAE. https://www.rae.es/sites/default/files/inline-files/Cr%C3%B3nica%202024_Lenguaje%20claro-Claudia%20Poblete.pdf
Ministerio de Justicia. (2021). Lenguaje claro y accesibilidad en la justicia. Gobierno de España.https://www.mjusticia.gob.es/es/ciudadania/justicia-accesible-personas-discapacidad/lectura-facil-lenguaje-sencillo/lenguaje-sencillo