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Draft:Transdisciplinariedad

From glossaLAB

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Clarification activity Tecnologías y gestión de la información y el conocimiento
Author(s) José María Díaz Nafría,
Judith Sancho Asensio,
Álvaro Escrig
Creation date 25 may 2025
Status 🔵 Listo para publicar
Reviews Rev.1

Resumen: La transdisciplinariedad es un enfoque de producción de conocimiento que intenta superar los límites de las disciplinas para comprender y actuar sobre fenómenos complejos. Se suele entender de dos maneras principales: (1) un enfoque epistemológico y ontológico, centrado en comprender la complejidad de la realidad (como propone Edgard Morin y Basarab Nicolescu); y (2) un enfoque pragmático u operativo, orientado a resolver problemas complejos en contextos reales incorporando a actores sociales (según plantean otros autores, como Gibbons, Nowotny, Klein o Pohl). Aunque ambas visiones comparten la idea de “ir más allá” de los compartimentos disciplinares, se diferencian en su objetivo, su modo de trabajo y los criterios con los que evalúan el éxito.

1. Por qué hablar de transdisciplinariedad

Las disciplinas son útiles: ayudan a profundizar, a construir métodos y a sostener criterios de rigor. El problema aparece cuando los retos que tenemos delante no son “de una sola caja”. Cuestiones como el cambio climático, la sostenibilidad, la salud pública o la desigualdad mezclan dimensiones naturales, tecnológicas, sociales y culturales.

Además, suelen implicar incertidumbre, conflictos de valores y decisiones políticas. En estos casos, sumar perspectivas no es un capricho: es una condición para entender bien el problema y para diseñar respuestas razonables.[1]

2. Dos modos principales de entender la transdisciplinariedad

2.1. Enfoque epistemológico-ontológico: comprender realidades complejas

Este enfoque se pregunta, sobre todo, cómo conocemos y qué tipo de realidad intentamos describir. Edgar Morin critica que la tradición moderna haya tendido a reducir lo complejo a lo simple: separar, aislar y explicar por partes como si el todo fuese la suma de piezas. Frente a eso propone el “pensamiento complejo”: contextualizar, conectar, reconocer bucles de retroalimentación y aceptar que hay incertidumbre sin caer por ello en la confusión.[2]

Desde esta mirada, la transdisciplinariedad no consiste solo en “mezclar” disciplinas, sino en cambiar el tipo de mirada: pasar de un pensamiento fragmentado a uno que pueda sostener relaciones, tensiones y contradicciones sin borrar matices.

En este sentido, muchas de las aproximaciones habitualmente agrupadas bajo las denominaciones de ciencias de la complejidad o ciencias de sistemas (v. artículo: sistema, glossariumBITri) pueden entenderse como marcos transdisciplinares de facto, en la medida en que han mostrado ser efectivos para integrar conocimientos procedentes de distintos dominios mediante el recurso a un conjunto común de conceptos y principios propios de dichas aproximaciones. Es precisamente este marco conceptual transversal, cuya validez resulta aplicable a múltiples dominios de conocimiento, el que hace posible una integración coherente del conocimiento.

Basarab Nicolescu es otro referente central en este sentido. Su propuesta se apoya en tres ideas: niveles de realidad, la lógica del tercero incluido (para no reducir los problemas a opciones binarias tipo “A o B”) y la complejidad.[3] Para Nicolescu, hay fenómenos que no se entienden bien desde un único nivel o lenguaje disciplinar; por eso la transdisciplinariedad abre diálogo entre ciencias, humanidades, arte y otras formas de experiencia humana sin que eso signifique “eliminar” disciplinas. La idea es conectarlas y construir puentes conceptuales cuando el objeto lo exige.[4]

En resumen: en este primer enfoque, la transdisciplinariedad busca comprender mejor la complejidad del mundo. El criterio de éxito se parece al de la investigación teórica: coherencia del marco, potencia explicativa y capacidad para integrar perspectivas sin reducirlas a una sola.

2.2. Enfoque pragmático-operativo: resolver problemas complejos

El segundo enfoque se centra en cómo se produce conocimiento cuando se trabaja con problemas reales. Gibbons y colaboradores describen una transformación hacia un modo de investigación más “en contexto”: equipos heterogéneos, problemas definidos por necesidades sociales, y evaluación no solo por publicaciones, sino también por utilidad y relevancia.[5] Nowotny, Scott y Gibbons refuerzan esta idea: en una “edad de incertidumbre”, la ciencia se relaciona más intensamente con la sociedad, y se espera responsabilidad, diálogo y resultados aplicables.[6]

En esta línea, la transdisciplinariedad se entiende como coproducción: además de varias disciplinas académicas, participan actores no académicos (administración, organizaciones, empresas, ciudadanía) porque aportan conocimiento práctico, criterios de viabilidad y comprensión del contexto. Pohl y Hirsch Hadorn proponen un proceso típico en tres fases: (1) definir y estructurar el problema con las partes implicadas, (2) analizar integrando conocimiento científico y práctico, y (3) aplicar resultados.[7]

Aquí el criterio de éxito es más operativo: aprendizaje mutuo, soluciones viables, legitimidad social e impacto real.

Diferencias claras entre interdisciplinariedad y transdisciplinariedad

Una confusión habitual es pensar que cualquier trabajo con varias disciplinas es “transdisciplinar”. Conviene separar los tres modos de aproximación básicos:

  • Multidisciplinariedad: varias disciplinas participan en el estudio de un mismo problema u objeto, pero lo hacen de forma paralela y aditiva, manteniendo sus marcos conceptuales, métodos y lenguajes propios, sin una integración sustantiva entre ellos. Los resultados suelen yuxtaponerse más que articularse en un marco común.[8]
  • Interdisciplinariedad: integra teorías, métodos o conceptos de distintas disciplinas para estudiar un objeto o responder una pregunta. Normalmente ocurre dentro del campo académico, aunque conecte áreas diferentes.[8]
  • Transdisciplinariedad: además de integrar disciplinas, pretende trascender sus fronteras. En el enfoque operativo, incluye de forma explícita a actores sociales y conocimientos extra-académicos para abordar problemas complejos.[7][1]

Como se discute en Díaz-Nafría et al (2019), glosaLAB pretende dar respuesta a cualificación de lo que pueden considerarse como diferentes grados de interdisciplinaridad en la integración de conocimiento procedente de disciplinas diversas; consdierando que el mínimo nivel de integración es el de multidisciplinariedad y el máximo en el de la transdisciplinariedad.[9]

Rasgos de un trabajo transdisciplinar bien planteado

Un proyecto transdisciplinar suele requerir:

  • Cooperación real: no basta con sumar expertos; hay que traducir lenguajes y acordar significados (Pohl & Hirsch Hadorn, 2007).[7]
  • Gestión de complejidad e incertidumbre, sin forzar simplificaciones.[1][3]
  • Facilitación y coordinación: más que “una autoridad”, se necesita liderazgo para sostener el diálogo y el rigor.[10]
  • Orientación a resultados útiles en el enfoque operativo, además de resultados académicos.[1]

Conclusión

La transdisciplinariedad es una respuesta a realidades y problemas complejos. Puede entenderse como un marco epistemológico-ontológico para pensar la complejidad (Morin, Nicolescu) y como un enfoque pragmático para resolver problemas reales mediante coproducción entre ciencia y sociedad (Gibbons, Nowotny, Klein, Pohl). En ambos casos, su valor está en conectar perspectivas sin borrar diferencias y en evitar que la complejidad del mundo quede reducida a una sola mirada.

Referencias

  1. 1.0 1.1 1.2 1.3 OECD. (2020). Addressing societal challenges using transdisciplinary research (OECD Science, Technology and Industry Policy Papers, No. 88). OECD Publishing.
  2. Morin, E. (2008). On complexity. Hampton Press.
  3. 3.0 3.1 Nicolescu, B. (2010). Methodology of transdisciplinarity: Levels of reality, logic of the included middle and complexity. Transdisciplinary Journal of Engineering & Science, 1, 19–38.
  4. Nicolescu, B. (2002). Manifesto of transdisciplinarity. SUNY Press.
  5. Gibbons, M., Limoges, C., Nowotny, H., Schwartzman, S., Scott, P., & Trow, M. (1994). The new production of knowledge: The dynamics of science and research in contemporary societies. SAGE.
  6. Nowotny, H., Scott, P., & Gibbons, M. (2001). Re-thinking science: Knowledge and the public in an age of uncertainty. Polity Press.
  7. 7.0 7.1 7.2 Pohl, C., & Hirsch Hadorn, G. (2007). Principles for designing transdisciplinary research. Oekom.
  8. 8.0 8.1 Klein, J. T. (1990). Interdisciplinarity: History, theory, and practice. Wayne State University Press.
  9. Díaz-Nafría, Guarda, T.; Hofkirchner, W; Zimmermann, R.; Chroust, G.; Belli, S. (2019). glossaLAB: Co-Creating Interdisciplinary Knowledge. Communications in Computer and Information Science, 1051, pp. 423-437, [https://doi.org/10.1007/978-3-030-32475-9_31. archivable version]
  10. Klein, J. T. (2004). Transdisciplinarity: Joint problem solving among science, technology and society—An effective way for managing complexity. En G. Hirsch Hadorn, H. Hoffmann-Riem, S. Biber-Klemm, W. Grossenbacher-Mansuy, D. Joye, C. Pohl, U. Wiesmann, & E. Zemp (Eds.), Transdisciplinarity: Joint problem solving among science, technology and society (pp. 3–22). Birkhäuser.
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